Los holandeses son verdaderos expertos en enfrentarse al aumento del nivel del mar: durante décadas, han logrado ganarle metros y metros de tierra al mar, gracias a la ingeniosa construcción de diques. Pero, ¿bastan la innovación buena planificación de obras para domar las masas de agua?

La respuesta es: no. El nivel del mar va en aumento y las condiciones meteorológicas extremas, cada vez más frecuentes en las costas, provocan regularmente inundaciones en todo el mundo. Para algunos, la única solución es trasladarse y devolver la tierra a la naturaleza. Esta migración controlada de personas de zonas que se están volviendo inhabitables debido al cambio climático, se conoce como “reasentamiento inducido por el clima”.

¿Cómo funciona la migración inducida por el clima?

La reubicación obligatoria consiste en que los habitantes abandonen permanentemente las zonas de riesgo. Esto puede hacerse de forma preventiva o directamente después de una catástrofe, como ocurrió en Nueva Orleans. En 2005, el huracán Katrina devastó grandes partes de esta ciudad estadounidense, ubicada en la desembocadura del Misisipi.

“El cambio climático afecta a personas en todo el mundo. Y todos buscan formas de afrontarlo de alguna manera”, afirma la investigadora de catástrofes A.R. Siders, de la Universidad de Delaware, en un estudio publicado en junio del 2021. “Si la gente abandonara las zonas de riesgo conocidas, sería una protección eficaz. Pero esta posibilidad todavía no se considera a menudo”, observa.

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En Nueva Orleans, se han puesto en marcha programas de reconstrucción para familias de bajos y medianos ingresos. Sus nuevas casas están ubicadas ahora a un poco más de altura y suficientemente alejadas de la zona de inundación.

Existen programas similares en todo Estados Unidos. El Programa de Subvenciones para la Mitigación de Riesgos de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés), por ejemplo, compró en 2017 más de 43.000 viviendas en zonas propensas a inundaciones, tanto en los propios Estados Unidos como en otros territorios bajo su jurisdicción.

Pero estos traslados no son fáciles. Por un lado, el esfuerzo burocrático es inmenso. Por otro, siempre existe el peligro de que las desigualdades sociales se agraven cuando comunidades establecidas son desplazadas.

“El despoblamiento ordenado de una zona no es un camino que pueda revertirse fácilmente”, señalaba ya en 2017 Miyuki Hino, en un informe para Carbon Brief, una página web británica especializada en ciencia y política climática y energética. Según Hino, entonces estudiante de doctorado en la Universidad de Stanford, “el reasentamiento conlleva problemas sociales y psicológicos para los afectados; más aún si el antiguo hogar es un patrimonio cultural o un asentamiento familiar desde hace muchos años.”

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Migración al extranjero, cuando todo el país está amenazado

Un caso aún más extremo es el de naciones como Kiribati, una república insular en el Pacífico central, justo por encima del nivel del mar, y uno de los países del mundo más amenazados por el aumento del nivel del mar. Algunas de sus islas ya son inhabitables.

Su Gobierno compró tierras en Fiji, en 2014, para que sus ciudadanos pudieran reasentarse allí. Sin embargo, recientemente anunció que les daría un uso agrícola, para alimentar a la población, en cooperación con China. Además, está desarrollando programas de capacitación con Australia y Nueva Zelanda, para proporcionar a sus ciudadanos las habilidades necesarias para encontrar trabajo, en caso de que se vean obligados a emigrar al extranjero.

Renaturalización de antiguas zonas residenciales

El Gobierno del estado norteamericano de Nueva Jersey también está comprando terrenos para prevenir los peligros del cambio climático. En este caso, se trata de viviendas privadas en zonas de alto riesgo de tormentas e inundaciones. Estos terrenos se están convirtiendo en zonas recreativas y de conservación de la naturaleza. De este modo, servirán de “amortiguador natural contra futuras tormentas e inundaciones”, explica el Ministerio de Medio Ambiente del Estado.

Bajo el nombre de Blue Acre, este programa de reasentamiento se inició en 1995. Y se amplió tras el devastador huracán Sandy en 2012. Desde entonces, se han demolido más de 700 viviendas en las llanuras de inundación de los ríos Delaware, Passaic y Raritan y sus afluentes.

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“En Nueva Jersey, veremos más inundaciones en el futuro. Por eso, es lógico que sigamos adelante con nuestro programa Blue Acres”, declaró en octubre el Comisario de Protección del Medio Ambiente de Nueva Jersey, Shawn M. LaTourette, a NJ Spotlight News. “La cuestión será: ¿Cuántas propiedades puede comprar el Estado, cuántas personas estarán dispuestas a vender y cuánto costará todo esto?”

Y los ejemplos alrededor del mundo crecen. A Jakarta, la capital de Indonesia, de 10 millones de habitantes, el Gobierno planea mudarla a la isla de Borneo, aunque aún no sabe bien cómo.

Pero, a pesar de los peligros cada vez mayores, muchas personas no quieren dejar sus viviendas. Es cierto que para la mayoría de los habitantes de las costas es una idea aterradora saber que el agua se acerca, explica a DW Hans-Ulrich Rösner, jefe de la oficina del Mar de Frisia, de la organización de conservación de la naturaleza WWF. Pero “solo se puede hacer si la gente está convencida de ello”. (I)