Si ganamos las elecciones en el 2025, o antes, vamos a estar totalmente cercados. Esa Corte Constitucional deroga decretos presidenciales, leyes, interpreta la Constitución y con eso legisla… Entonces gobernarían ellos. Tendríamos que ir a una (asamblea) constituyente, además de ganar las elecciones, para poder recuperar el país”, dijo el expresidente Rafael Correa a un medio español esta semana.

Con esto el máximo líder del correísmo busca impulsar otro proceso constituyente. Sería el segundo que promueve luego del alcanzado en 2007 cuando los asambleístas de su tendencia política redactaron una constitución que, supuestamente se dijo, serviría para 300 años. No es la primera vez que en Ecuador se promueve la idea de una constituyente, que dé paso a una nueva carta magna, como una especie de refundación del país que va a solucionar los problemas económicos y sociales que afectan a los ecuatorianos.

Rafael Correa proyecta instalar una asamblea constituyente para evitar los filtros de la Corte Constitucional si su movimiento político regresa al poder

En la historia del país se han redactado 30 constituciones desde 1812. La gran mayoría se derivaron de asambleas constituyentes. Más de 200 años después los ecuatorianos y sus políticos siguen inconformes con el texto constitucional y no se han resuelto los problemas medulares de la nación.

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Esto se da porque la tendencia política hegemónica de turno siempre busca adaptar una carta magna a sus objetivos cuando llegan al poder, afirma Cristian Carpio, analista político. “Son constituciones que solo han buscado destrabar problemas políticos, pero no son la solución. El problema del Ecuador es la carencia de una institucionalidad fuerte que permita tener políticas de Estado y no de gobierno para largo plazo. Los gobiernos de turno buscan constituciones a la medida”.

Señala que la última constitución (la vigente) que fue aprobada por el correísmo dotó de muchísimos poderes al Ejecutivo (presidente) para permitir la captura política de las distintas instituciones del Estado para poder operar.

“Correa no ha tenido empacho en decir que quieren una constituyente para quitar a la Corte Constitucional (CC) que no es de su agrado, ya que sabe que la CC actual no permitirá excesos y arbitrariedades que pudieron haberse dado años atrás. El correísmo sabe que el poder político está atomizado, instituciones que están con distintas agendas de grupos de poder que tienen influencia”, dice.

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Para el constitucionalista Ismael Quintana, el número de cartas magnas que se han elaborado solo es una muestra de la volatilidad institucional que existe en el país. Es por esto que afirma que desde la ciudadanía se debe exigir a los políticos dejar de vender la idea de que los cambios de constitución son una refundación del país.

“Lo que se hace es coger la constitución anterior, se le hacen ciertas modificaciones, se crean órganos de poder, se agregan ciertos derechos, pero el tema sigue siendo el mismo. La pregunta que hay que hacerse es ¿para qué se utilizan los procesos constituyentes? No es para realizar procesos de verdadera transformación política, jurídica y social, sino para tender un puente de transición para que un grupo se haga del poder y deshacerse de los órganos de control”, indica.

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Por ejemplo, los procesos constituyentes de 1928, 1938, 1944, 1946, 1966, 1998 y 2007 vinieron precedidos por crisis económicas, sociales y jurídicas. En todos se prometió que con la nueva constitución la situación nacional mejoraría, pero la historia indica lo contrario. Solo se ha buscado apuntalar al gobierno de turno.

Quintana añade que es contradictorio que desde correísmo actualmente se pida otra constituyente para “tumbar” una carta magna que fue elaborada por ellos y que le dio alta protección a la figura del presidente para proteger a Correa.

“Para el juicio político para el presidente Guillermo Lasso, por ejemplo, existe tanta traba y ¿quién puso eso?, el correísmo. Las normas que se hicieron para proteger al poder que eran ellos ahora se les regresa como búmeran, pero ahora no les gusta porque no son poder”, dice.

‘Guillermo Lasso debe romper ese cordón umbilical que tiene con el prófugo Rafael Correa, los correístas que están en su gobierno le ponen la zancadilla’

El experto advierte que si realmente se concreta la aspiración de un proceso constituyente para tratar de esquivar el control de la CC, esto no sería posible, ya que para convocar a una asamblea constituyente el primer filtro que deben enfrentar es la propia CC, que es la que tiene que analizar si da paso o no a una consulta popular y, además, debe controlar el estatuto electoral.

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Johnny Ayluardo, docente y exjuez de la Corte Nacional de Justicia, añade que una convocatoria a una asamblea constituyente debe estar históricamente justificada y tener claro el para qué se busca instaurar esta figura.

“No es solo decir ‘vamos a una asamblea constituyente’, sino que deben demostrar los hechos históricos, de carácter político, social, que obliguen a crear una nueva constitución y más aún que la actual carta magna fue diseñada por el correísmo y deberían estar cómodos con ella. Tal vez lo que buscan es una reforma constitucional que busque alterar la estructura del Estado, ya que esto debe pasar por una constituyente”, afirma.

El constitucionalista André Benavides considera que la idea de ir a una constituyente no solucionará en nada los graves problemas que aquejan al país, ya que si las constituciones fueran respuestas a las problemáticas de Ecuador, ya se hubiesen erradicado las controversias políticas, económicas y sociales.

“Lo que está pasando en el país no es por falta de norma sino por falta de incumplimiento de las leyes y la constitución. Además, existe, por parte de las autoridades, una mala interpretación de las leyes y por eso mucho de lo que está regulado queda en letra muerta”, sostiene.

No sorprende que líderes políticos como Rafael Correa invoquen a una constituyente para esquivar los poderes que le estorban, ya que lo mismo hicieron, en pasadas décadas, líderes del socialcristianismo, del liberalismo, del socialismo o conservadores. La reflexión debe venir por parte de la ciudadanía y exigir a los políticos que ya no vendan las constituyentes como soluciones maestras cuando realmente se utilizan para apuntar un proyecto político que, en su mayoría, gira alrededor de un caudillo. (I)