El valor total indemnizado por las aseguradoras a sus clientes ante siniestros reclamados durante 2022 alcanzó los $ 763,9 millones. Este monto representó el 38,1 % del total de primas emitidas, que es lo facturado por las empresas de seguros a sus asegurados por las pólizas contratadas.

Este porcentaje varía según el tipo de seguro. Es más alto en el caso de los vehículos, ya que las indemnizaciones por este concepto cubrieron el 68,4 % de las primas emitidas. Sigue el seguro de asistencia médica, en el que los siniestros cubiertos alcanzaron el 56,4 % de lo facturado en primas, que deben pagar todos los asegurados que contrataron el servicio.

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A continuación está la póliza de seguro para bancos y entidades financieras (46,7 %), robo (45,5 %) y transporte (44,9 %).

La pandemia del COVID-19 dejó un efecto en la cultura del aseguramiento, indica Patricio Salas, secretario ejecutivo de la Federación Ecuatoriana de Empresas de Seguros (Fedeseg).

Las primas que deben pagar los asegurados por sus pólizas de vida aumentaron un 33 % en 2022 respecto al 2021, llegando a la cifra de $ 600 millones. Mientras tanto, lo facturado por el resto de seguros también subió un 21,8 %, alcanzando la suma de $ 1.407.

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Es una tendencia que se mantiene este año. En valores totales el incremento de primas fue del 25 % en 2022 respecto al 2021.

Hay años en los que se indemniza más de lo que se recauda en primas de los asegurados en ese mismo periodo. Es el caso del seguro agropecuario.

Cada año del periodo 2017-2020 el monto destinado como indemnización superó al de las primas emitidas cada 365 días. En 2017, por ejemplo, los siniestros pagados a los clientes que perdieron sus cultivos sumaron $ 32,5 millones, mientras que lo recaudado alcanzó los $ 19,1 millones ese mismo año.

Hay años en los que sucede lo contrario por lo que se compensa el fondo.

“El problema es que este tiene muy baja demanda, su penetración es muy baja debido a la falta de cultura de asegurar; otro es el tema del costo de las primas. Recordemos que en nuestro campo hay mucha informalidad, hay otra cultura para enfrentar los riesgos y probablemente también hay desconocimiento de que existe esta alternativa”, indica Salas.

Los grandes riesgos en el sector agrícola

Si cada agricultor contrata una póliza por su cuenta, añade, la prima saldrá muy costosa. “La asociatividad ayuda para hacer este tipo de contrataciones”.

El papel del Gobierno Central es fundamental para conseguir una mayor protección de los cultivos. “Uno de los mecanismos que se han usado es que con la entrega de los kits agrícolas a los agricultores mas vulnerables, dentro de ello había un seguro agrícola en los cultivos de arroz y maíz, por ejemplo, entonces esos aportes se redujeron sustancialmente desde el 2016, recién desde finales del año pasado e inicios de este se ha retomado”, asegura Salas.

En 2016, 2017 y 2018 las primas facturadas por el seguro agropecuario alcanzaron los $ 18,5 millones, $ 19,1 millones y $ 17,9 millones, en su orden.

Pero en 2019, 2020 y 2021 esos montos bajaron a $ 8,5 millones, $ 5,7 millones y $ 1,7 millones, respectivamente. Recién en 2022 hay una recuperación ya que la adquisición de este servicio financiero ascendió a $ 4 millones.

El ejercicio de los seguros y su manejo económico se analiza en el tiempo. “La actividad de seguros y de reaseguros se mide a largo plazo. Cuando el volumen de siniestros es menor no crea que las aseguradoras agarran todo ese exceso y se lo gastan, sino que van creando reservas, provisiones para cuando se de un evento mayor”.

Cuando se analizan los resultados técnicos de las protecciones no se los miden cada año sino con una estadística de más largo plazo. “Por suerte no ocurren los eventos catastróficos todos los años, entonces se va creando un colchón”.

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El 2016, cuando ocurrió el terremoto en Pedernales en abril, fue cuando el valor total de las indemnizaciones realizadas por los seguros a sus clientes alcanzó el 69 % de las primas facturadas, lo que pagaron los asegurados ese mismo año. Desde ahí el porcentaje está en reducción.

En seguros se aplican ciertos aforismos que se usan en el día a día, explica Salas, como el que no hay producto caro, sino que depende del costo/beneficio.

“Acá tiene que ver con el riesgo. Los siniestros vienen a ser el costo de producir el seguro, a la larga uno cobra para pagarlos, entonces debe haber un equilibrio entre lo que ingresa y lo que sale”, asegura. “Es una forma de financiar con la contribución de todos para hacer frente a la pérdida de unos cuantos en un determinado momento. Al año siguiente le ocurre a otras personas y todos construyen ese fondo que permite dar estabilidad”.

Si bien se alcanzó la cifra récord e histórica de 2.007,1 millones de dólares facturados en primas a los clientes de todos los seguros durante 2022, su peso respecto al Producto Interno Bruto (PIB) aún es relativamente bajo.

“Todavía la cultura de aseguramiento no arranca en el país. El índice de penetración de seguros, que es la relación de las primas del mercado respecto al PIB, es del 1,7 %, no hemos sobrepasado ese valor”.

Mientras que el promedio regional es del 3 % al 4 % del PIB, entonces Ecuador está por debajo. “La demanda por los seguros no se logra consolidar en el país”. (I)