El expresidente de la República Lucio Gutiérrez (2003-2005) considera que el actual primer mandatario, Guillermo Lasso, debería “descorreizar su régimen”, en referencia a que en el gabinete y equipo de trabajo mantiene a ministros y funcionarios del denominado socialismo del siglo XXI, personificado en Ecuador por el exgobernante Rafael Correa, asilado en Bélgica.

“Hay un pacto entre Lasso y el prófugo de la justicia Correa”, afirma en entrevista con EL UNIVERSO. Menciona a la ministra de Educación, María Brown, como una de las correístas y a decanos y profesores que adoctrinan a los estudiantes secundarios y universitarios a favor de este expresidente que estuvo en el poder una década, entre 2007 y 2017.

“Como la gente sale alineada y el presidente Lasso se convierte en el mejor jefe de campaña del prófugo de la justicia, por eso tenemos estos resultados (electorales), que en algunos casos resultan increíbles y hasta sospechosos”, asegura.

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Lasso debe ir a la Asamblea, agrega Gutiérrez, para que esclarezca el caso de peculado por el que se le acusa e identifique a los narcogenerales, narcoasambleístas que ha dicho hay en el país. Y luego terminar el periodo de cuatro años para el que fue electo.

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La influencia del correísmo en el país es lo que le pasa factura a Lasso, asegura Gutiérrez, quien prepara un libro para contar su experiencia en el papel de testigo de un derrocamiento (el de Abdalá Bucaram, en febrero de 1997), el de protagonista de otro (a Jamil Mahuad, en enero del 2000) y el de ser víctima de un derrocamiento (cuando en abril del 2005 él mismo dejó el poder).

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Su título aún no está definido, pero la publicación está pautada para mediados de este año.

Usted ha estado en los dos papeles, el que propició un derrocamiento y el de víctima de uno. ¿Cuál es su postura ante la coyuntura actual de juicio político que podría derivar en la salida de Guillermo Lasso del poder?

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Hay similitudes y diferencias entre lo que me pasó y lo que sucede ahora. Luego que los generales traidores, comprados por los banqueros a quienes había encarcelado por haberse robado el dinero en el feriado bancario (declarado en marzo de 1999), me quitaran el apoyo el Ecuador se vino a pique. La economía crecía cerca del 9 %, hoy apenas bordeamos el 2 % de crecimiento económico. Éramos el tercer país que más inversión extranjera recibía, ahora estamos en los últimos lugares. El pueblo ecuatoriano ha aprendido con dolor que un cambio abrupto de gobierno perjudica a todos y de manera primordial a los más pobres. En el caso mío, los generales del mando militar del 2005 se dejaron comprar, y esto es literal, por los banqueros, por eso menciono que hay similitud, pero también una diferencia diametral con lo que pasa ahora. Hoy estamos en una situación de desesperación social. El golpe contra mí se dio porque permitimos que cinco banqueros fueran encarcelados y también recuperamos más de mil millones de dólares que se robaron los banqueros, cuando el presidente (de ese entonces) Jamil Mahuad decretó el congelamiento de los depósitos. Lo que derramó el vaso fue la decisión de cobrar a 190 deudores morosos, les incautamos bienes, entre ellos a Juan José Pons (exdiputado) y al hermano de León Febres-Cordero, Agustín (estos dos últimos ya hoy fallecidos). Esto irritó a la oligarquía que compró a los comandantes generales traidores, quienes nunca soportaron que un coronel mucho más joven que ellos sea el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Hoy el presidente Lasso está en una situación de posible cese de funciones acusado de actos de peculado, de que su entorno más íntimo, entre ellos su cuñado (Danilo Carrera Drouet), estaría inmerso en corrupción, de no haber parado la corrupción en Flopec (Empresa Pública Flota Petrolera Ecuatoriana).

¿Qué le recomienda a Lasso?

Le recomendaría que vaya a la Asamblea, que aproveche esa oportunidad de oro para desnudar a los asambleístas corruptos, para decirle al país estos son los narcoasambleístas, estos son los narcopolíticos, narcojueces, narcofiscales, narcogenerales, los narcoconsejeros del Consejo Nacional Electoral (CNE). Si su círculo íntimo está inmerso en corrupción permitir, alentar y disponer a la justicia que investigue, sancione, que de una vez por todas rompa ese cordón umbilical que tiene con el prófugo de la justicia Rafael Correa, y que cumpla con su oferta de campaña de descorreizar el gobierno. Son los correístas que están en el gobierno de Guillermo Lasso los que le ponen la zancadilla y continúan con la corrupción. Es un secreto a voces que en todos los contratos públicos se piden coimas, un porcentaje, por eso las obras públicas no sirven y por eso Lasso está convocado a juicio político. Que recupere la plata robada, lo que le falta a Lasso es voluntad política, gobernar para los ecuatorianos y no para los correístas y sus colegas banqueros. Lasso tiene que aprender que la misión fundamental de un presidente de la República no es solamente permanecer los cuatro años a costa de lo que sea. Y si roban a la izquierda mirar para la derecha y no hacer nada, y si roban a la derecha mirar para la izquierda y no hacer nada. Debe impedir que el prófugo se siga burlando de la justicia y hacer todo lo posible por extraditarlo. Debe pedir al Reino de Bélgica y a países como México, Argentina, que no le permitan al prófugo hacer declaraciones políticas porque está violando, con la complicidad de Lasso, el derecho internacional que prohíbe a un asilado político hacer este tipo de declaraciones.

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¿Se debe respetar el periodo de cuatro años para el que es escogido un presidente de la República?

El pueblo ecuatoriano no quiere golpes de Estado, ni siquiera los generales porque hemos aprendido todos con dolor. Las Fuerzas Armadas están prácticamente en soletas, están arrepentidos como institución de haber permitido ese golpe de Estado (el del 2005). La institución militar se estaba fortaleciendo, al igual que el país, la gente tenía empleo y había tranquilidad. Hoy estamos en una situación de desesperación, no estamos seguros en ningún lado. El pueblo sabe que si hay un cambio abrupto de gobierno vamos a estar mucho peor, así que no conviene, pero ojalá que el presidente Lasso se limpie los oídos y escuche el clamor del pueblo. Si Lasso escucha recuperaría la credibilidad de los que le apoyamos en la segunda vuelta y podría enderezar la dirección totalmente equivocada por la que está conduciendo el país. A nosotros con un presupuesto de 6.400 millones de dólares, cinco o seis veces menos del que tenía el prófugo de la justicia, nos alcanzaba para todo, hacer obras, reducción de la deuda pública, incrementar los sueldos y salarios en el sector público, duplicar la pensión a los jubilados, e inclusive para ahorrar.

¿A quiénes ha identificado que siguen en el actual régimen y que vienen del mandato de Rafael Correa?

Le dije al presidente Lasso (en junio del 2021,un mes después de que asumió) porque estaba preocupado de que a lo mejor los socialcristianos en represalia podrían traer gente a Quito y dar un golpe de Estado, le dije que podrán movilizarse los tres millones de quiteños, podrán incendiar las 500.000 casas que hay en la capital, pero si el jefe del Comando Conjunto y el alto mando militar no le quitan el respaldo, no caerá. Y, por el contrario, no puede haber una persona en la calle, pero si el jefe del Comando Conjunto te quita el respaldo, te vas a caer. Le dije, no te conviertas en la versión ecuatoriana de Mauricio Macri en Argentina, quien no fue contundente para combatir a los que habían saqueado ese país. Eso permitió que esos saqueadores regresen al poder a destruir más esa nación, que otrora era una economía próspera y hoy está en una situación incluso peor de la que tenemos acá en Ecuador. Eso me parece que le resintió al presidente Lasso porque nunca más nos volvimos a reunir.

¿Pero quiénes son los correístas que usted considera estarían enquistados en el régimen de Lasso?

Por ejemplo, la ministra de Educación (María Brown) permite que en las universidades públicas ecuatorianas esté algún rector por allí, varios decanos, estén profesores de origen venezolano, cubano, que están adoctrinando en el socialismo chavista del siglo XXI a nuestros jóvenes. Cuando hay excelentes catedráticos ecuatorianos que podrían estar en lugar de estos señores extranjeros, preparando, capacitando adecuadamente a nuestros jóvenes. El Ministerio de Educación mantiene unos libros de historia mentirosos, en donde se orienta y adoctrina a nuestros estudiantes de secundaria en el socialismo del siglo XXI. En estos libros se endiosa al prófugo de la justicia, un delincuente sancionado por la justicia ecuatoriana. Aquí no estamos haciendo juicios de valor, Rafael Correa es un delincuente sancionado a ocho años de cárcel por corrupto. Y a ese personaje lo tienen en los libros como modelo y ejemplo para nuestros jóvenes. ¡Qué le pasa presidente Guillermo Lasso!, reaccione, gobierne en beneficio de los ecuatorianos y no permita que se distorsione la mentalidad de nuestros jóvenes, futuros votantes y profesionales. Por eso de alguna manera, con fraude y sin fraude electoral, hay alrededor del 22 % de votos de gente que sigue votando por Correa. A eso se suma el fraude que lamentablemente permite el CNE y que ha sido denunciado, pero en todo caso esas son las cifras oficiales, no las reales, y de alguna manera ese apoyo se origina en que a nuestros jóvenes les están alineando con mentiras a través de esos libros que deberían ser retirados del pénsum académico.

¿A cuáles otros ha identificado que datan del correísmo?

Bueno, hay varios ministros que estuvieron en la época correísta, en la época de Lenín Moreno (2017-2021), hay varios directores nacionales, hay decanos, profesores en las universidades del país que tienen clarísima inclinación hacia el socialismo chavista del siglo XXI, por eso de alguna manera se explica que el pueblo ecuatoriano, que no es masoquista, pero parecería que sigue votando por los verdugos, por los que saquearon al país. En Manabí siguen votando por los que se robaron la plata que dimos los ecuatorianos, más de tres mil millones de dólares para su reconstrucción, y hasta ahora hay gente damnificada por el terremoto viviendo en carpas. Pero como la gente sale alineada y el presidente Lasso se convierte en el mejor jefe de campaña del prófugo de la justicia, por eso tenemos estos resultados (electorales), que en algunos casos resultan increíbles y hasta sospechosos. Eso se da por el fraude electoral denunciado y el presidente Lasso allí debería actuar también como jefe de Estado y pedir que ese programa informático, que se sigue utilizando para las elecciones, sea auditado, una auditoria forense para limpiarlo y no se sigan manipulando los resultados. Además, debería reunirse con la justicia sin meter necesariamente las manos en la justicia, pero exigir al presidente de la Asamblea, al de la Corte Nacional de Justicia, a los señores del CNE, que cumplan con su función o que renuncien. Como jefe de Estado él no puede permitir que reinen la corrupción y la impunidad, como está ocurriendo, por eso la situación de tragedia nacional que estamos atravesando.

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Durante su mandato usted enfrentó denuncias de corrupción contra algunos de sus ministros y funcionarios. ¿Considera que es motivo de destitución lo que cometan personas designadas por un presidente de la República?

Hubo denuncias en el caso mío de corrupción y cuando las hubo, dolorosamente les retiré a los ministros de su cargo. Retiré al secretario de la Administración porque se le acusaba de posibles casos de corrupción para que se defienda como persona natural y no con la ventaja que significa ser funcionario público. Relevé al ministro de Bienestar Social, a quien se lo acusaba de sobreprecios pequeños, pero no podía que haya la más mínima sospecha de corrupción en mi gobierno, y a un ministro de obras públicas excelente que cayó en las redes de un entrevistador, un periodista al hablar sobre el tema del 10 %, a las dos semanas le relevé. Y luego una serie de denuncias de nepotismo que había sido financiado por una persona que en mi gobierno le capturamos por cooperar con el cartel de Sinaloa. Cuando vine a entregarme (en octubre del 2005 tras ser procesado por atentar contra la seguridad del Estado) perversamente el vicepresidente (Alfredo) Palacio (que en ese entonces había sucedido a Gutiérrez) me colocó en la cárcel de máxima seguridad, en donde me dan la bienvenida y se presentan: soy fulano de tal y somos del cartel de Sinaloa que nos capturaron en su gobierno. Imagínese, en ese mismo pabellón en donde estaban presos los que habían sido capturados en mi régimen, allí me tuvieron seis meses.

¿Qué piensa de la figura del vicepresidente de la República, que acoge hoy de nuevo relevancia ante la posible destitución de Lasso?

En el caso mío fue un conspirador desde el primer día que asumió la Vicepresidencia de la República, como me contaron. Una persona ambiciosa, vaga, porque ni siquiera trabajaba, no hacía campaña conmigo, como suelen decir los jóvenes un aniñado, que medio se manchaba el zapato ya no quería caminar y se esfumaba cuando recorríamos Guayaquil y algo por ahí Manabí y Esmeraldas, no más. No me acompañó a recorrer la región Amazónica y la Sierra. Una persona que tuvo denuncias de casos de corrupción, como la compra de medicamentos con sobreprecios, la compra de teléfonos celulares traídos de Panamá con sobreprecios, que los han tapado, que su compinche de golpe de Estado, me refiero al prófugo Rafael Correa, quien fue asesor durante la Vicepresidencia de (Alfredo) Palacio, no investigó, más bien tapó esos supuestos actos de corrupción en el gobierno de Palacio. Se denunció que compró una serie de propiedades en Miami, esto se hizo público, pero luego se tapó, con qué recursos compró esas propiedades y convirtió en clínica el consultorio que tenía; pero bueno, eso queda en la consciencia de cada uno.

¿Debe repensarse el rol del vicepresidente en los sistemas democráticos?

Creo que sí, para que no haya esta preocupación del presidente de la República de que su vicepresidente está conspirando y de esa manera en lugar de tener un aliado, uno tiene un opositor más en la propia casa de uno. Creo que habría que repensarse la función de los vicepresidentes para que no estén permanentemente conspirando. Como decía nuestro presidente Velasco Ibarra, el vicepresidente es un conspirador a sueldo.

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Se dice que el correísmo está propiciando la salida de Lasso del poder. ¿Quién gana y quién pierde con el cambio abrupto de un régimen?

Sostengo que aquí hay un pacto, un circo, un show entre el prófugo Rafael Correa y el presidente Lasso evidenciado en que salen los presos correístas de la cárcel, sin devolver un dólar de la plata robada, incumpliendo la sentencia. Y el presidente de la República tiene como principal responsabilidad cumplir y hacer cumplir la Constitución, dentro de eso debe hacer cumplir la sentencia, sino que hace como presidente. Lo que hace Guillermo Lasso, como tiene las llaves, abre la celda para que salgan libres y no devuelvan un dólar de la plata robada, burlándose de la gente pobre del país. Lasso es cómplice de la fuga de la ingeniera (María de los Ángeles) Duarte, exministra de Obras Públicas del prófugo de la justicia. Ella no podía salir de la Embajada argentina, en Quito, sin la complicidad del gobierno de Lasso porque allí estaba un patrullero con la misión de controlar todos los vehículos que salían de esa sede diplomática. Y reciben la orden los policías de no revisar los vehículos en los dos días cuando la señora Duarte se fugó, está clarísimo el pacto político. Con los votos correístas se aprobaron impuestos en contra de los emprendedores, microempresarios, cuando Lasso decía que iba a impulsar, más bien los castigó. Hay un complot clarísimo. Sin embargo, como dicen nuestros padres, el diablo nunca es fiel a sus devotos, en este caso el diablo es Correa y el devoto es Lasso. Si es que el diablo traiciona a su devoto, Lasso tiene todavía el haz bajo la manga, que es convocar a la muerte cruzada. Si lo hace va a realizar una salida digna y va a recuperar algo de apoyo del pueblo. De darse y rompe el pacto maligno que tiene con Correa y comienza a recuperar la plata robada, cambia diametralmente su posición en la conducción del Estado, va a recibir el apoyo y tendría seis meses para enrumbar los destinos del país. Así podría terminar su gobierno de manera digna y a lo mejor hasta reelegirse. (I)