En doce hectáreas de terreno en el cantón El Carmen, provincia de Manabí, se encuentra el relleno sanitario municipal que busca convertirse en el primer parque ambiental de la zona, cuyo propósito es mitigar el impacto negativo que genera el uso del plástico en el cultivo del plátano, principal actividad económica del sector.

Si bien el proyecto surgió en la administración anterior a un costo de $ 3,8 millones, la actual administración municipal de Rodrigo Mena Ramos lo rescató porque hace dos años en el lugar había asentamientos humanos y las condiciones sanitarias provocaban más de una queja. Pues el relleno sanitario se ubica a dos kilómetros del centro de la ciudad.

Hoy, el parque ambiental se levanta a pulso, afirma el concejal Bolívar Córdova Navia, quien promovió la socialización y llegó a acuerdos con las empacadoras y productores del plátano para que las fundas plásticas que usan para cubrir la fruta no las arrojen a las vías, sino que las depositen en el relleno sanitario.

Pero el proyecto incluye otras cosas más: la generación de abono orgánico con los desechos del plátano, de la cáscara del coco y del aserrín que los ganaderos usan para transportar animales vivos. También hay una planta para la selección de los desechos que producen las familias, se recogen envases de agroquímicos, neumáticos de vehículos y se construyó un vivero de plantas nativas. El siguiente paso es levantar una fábrica de mangueras con las fundas plásticas que se recogen en el cantón y luego entregarlas a los agricultores.

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Una de las características de este relleno sanitario es que no existe proliferación de malos olores, a simple vista se puede observar el trabajo que realiza el personal de control y mantenimiento.

El propósito de este proyecto, según Córdova, es generar conciencia ambiental desde el municipio e impulsar la economía circular y por ende el desarrollo sostenible del cantón El Carmen.

Fundas plásticas

El CARMEN, Manabí. Mensualmente se recogen más de 50 toneladas de fundas plásticas. En la gráfica Juan Pablo Solórzano, jefe de Residuos Sólidos; Tania Mendoza, vicealcaldesa; y, Bolívar Córdova, concejal. Foto: Cortesía

Son 70 toneladas de fundas plásticas las recicladas en un año en El Carmen. Los productores usan la funda para proteger al plátano de los vectores y regularmente tras la cosecha se desechaban en los ríos y en el campo.

Hoy, bajo un compromiso con las empacadoras y los agricultores, esas fundas de reciclan por camiones y son depositadas en el relleno sanitario donde se arman grandes bultos que luego son entregados a la empresa Promaplast, que es un procesadora de materiales de plástico en la provincia del Guayas.

La idea de este proyecto, que se ubica a 312 kilómetros de Guayaquil, es implementar una fábrica de mangueras, con las fundas de plástico recicladas, que luego serán entregadas a los mismos agricultores que se dedican a la actividad de siembra y cosecha del plátano.

La vicealcaldesa, Tania Mendoza, comenta que las fundas plásticas que se usan para cubrir la fruta siempre tenían como destino los ríos, hoy recogen 50 toneladas de bolsas por mes.

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Lo que busca la actual administración municipal es darle un valor agregado al recurso que se desecha y de esa forma la gente aprovecha de mejor manera lo que usa para la producción de la fruta y con ello disminuye el impacto negativo, comenta Mendoza.

El proyecto deberá ser autosustentable, según Mendoza, y lo que muchas veces se considera basura, no es precisamente ello, sino dinero que puede ser bien usado.

Abrir un espacio en el relleno sanitario para recoger los neumáticos ha sido una de las decisiones acertadas, asegura la vicealcaldesa, porque en un año se colectaron 11.800 llantas de automotores que son entregados a la empresa guayaquileña Seginus, que los transforma en energía, pisos y material para artesanos.

Abonos orgánicos

El CARMEN, Manabí. Los desechos orgánicos del plátano son usados para abono orgánico en el parque ambiental del cantón. Foto: Vicente Ordóñez

El parque ambiental incluye espacios para la generación de abonos orgánicos para los agricultores, además se espera que a mediano plazo se aplique un proyecto para separar los deshechos que se generan los hogares.

Poco a poco la gente acude al relleno sanitario a dejar los residuos del racimo del plátano, luego con la ayuda de maquinaria se realiza el compostaje a cielo abierto. No se usa ningún tipo de químicos, sino que los microorganismos descomponen de manera natural los residuos, indica el concejal Córdova.

A más de los residuos del plátano se reciclan los residuos de coco, que constituyen la materia prima para el abono orgánico.

El jefe de Residuos Sólidos del municipio, Juan Pablo Solórzano, explica que hubo una etapa de socialización con las empresas que hacen del plátano su negocio como chifles y con las empacadoras que desechan los tallos, los transportistas de animales vivos y los negocios que tienen la venta de coco.

En el cantón hay un vehículo que se dedica a recoger todos los residuos de los puestos donde venden agua de coco, porque ese material el recolector de basura municipal no lo trae porque obstruye los mecanismos hidráulicos. Igualmente, los transportistas de animales vivos ingresan al relleno sanitario para desechar el aserrín usado.

Con el uso de un tractor agrícola y una volteadora, en el relleno, se mezclan esos residuos y se abren zanjas a cielo abierto para el compostaje que está listo entre tres y cuatro meses por descomposición de la materia orgánica. Hay capacidad para producir hasta tres toneladas.

Separación de la basura

Uno de los proyectos ambiciosos del 2022 es que el municipio de El Carmen logre concienciar a sus habitantes para ejecutar el proyecto de separación de basura desde la casa, negocios y empresa a través de educación ambiental, para ello habrá un plan piloto.

Actualmente, la ciudad con un aproximado de 140.000 habitantes genera 90 toneladas de basura diarias que al llegar al relleno sanitario son enterradas. De ahí que el municipio optó por construir una planta para separar los desechos.

En el parque ambiental se espera construir un aula especial para enseñar a los estudiantes de escuelas y colegios sobre cuidado del medio ambiente, reciclaje, economía circular y desarrollo sostenible.

La educación ambiental, según Bolívar Córdova, también estará dirigida a los sectores rurales para que las familias aporten al mejoramiento del medio ambiente a través de la separación de los desechos, y el municipio establecerá un proceso de recolección diferenciada.

Se apunta a la suscripción de convenios con las instituciones educativas públicas y privadas para afianzar la educación ambiental donde todos los niños y jóvenes tendrán la oportunidad de conocer cómo los desechos de sus hogares se transforman en oportunidades para otras familias.

Dentro de lo social, el municipio incorporó al proyecto a 16 cabezas de familia que antes eran chambeadores en el botadero de basura, ellos ahora ayudan a preservar el lugar, a recoger los desechos de los hogares y barrer las calles de la ciudad.

Ramón Arteaga, quien chambeó desde muy temprana edad, hoy es parte de la nómina del gobierno local, y se encarga de cuidar el proyecto y mantiene limpias las instalaciones.

Su vida cambió, dice, porque antes permanecía chambeando en el botadero con toda su familia, hoy tiene un salario y sus seis hijos pueden seguir la escuela y colegio.

La vicealcaldesa, Tania Mendoza, describe que fue muy duro rescatar el proyecto porque en el relleno sanitario vivían unas cien familias, con quienes tuvieron que llegar a acuerdos para su reubicación.

Para que el proyecto se ponga en marcha se necesitan unos $ 300.000 para la adquisición de las bandas para la maquinaria y la separación de la basura.

El CARMEN, Manabí. El municipio lleva adelante el proyecto parque ambiental que busca mitigar el impacto que generan los desechos. Foto: Cortesía

Vivero

En el parque ambiental se levanta un vivero de especies forestales para preservación y conservación de ríos, especies ornamentales, medicinales y culinarias.

El proyecto lo inició Bolívar Córdova, con recursos obtenidos de entre las personas que laboran en el sitio y con mano de obra propia. El vivero hoy produce plantas que luego sirven para reforestar los ríos de la zona o reponer aquellas plantas ornamentales que se destruyen en la ciudad.

Este vivero nació por necesidad, pues para comprar una palma o una planta ornamental para reponerla en los parques se tenía que subir todo un proceso en el sistema de compras públicas. Con el vivero la reforestación no tiene costo para el municipio. (I)