Yahuarlocro, locro de queso, papas con cuero, tostado, aguacate y chirimoyas. Sin esas palabras es imposible describir a Guayllabamba, una parroquia rural ubicada a 30 minutos de Quito, conocida por su clima seco y templado, y por sus populares restaurantes de comida típica.

A pesar de meses de inestabilidad en las ventas, debido a la pandemia, sus pobladores no dan su brazo a torcer y buscan alternativas para seguir atrayendo a sus clientes.

Para Víctor Sarango, uno de los comensales más fieles de Guayllabamba, el ritual de comer yahuarlocro (yahuar significa sangre y locro, sopa) es difícil de explicar. “Es una sopa con menudo de borrego, papa, cebolla y maní; aparte viene la sangre... Lo bueno está en la mezcla de todo eso, es un sabor exquisito”, dice.

La administradora del restaurante La Riobambeñita, Carolina Murillo, cuenta que en los primeros días de la pandemia se vieron obligados a cerrar un tiempo, lo que les ocasionó muchas pérdidas económicas, pero que a medida que se empezó a reactivar el comercio volvieron a abrir sus puertas.

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“Tuvimos que ampliar nuestro negocio, para que exista mayor ventilación, e implementamos todas las seguridades que exigen las autoridades sanitarias”, comenta.

La presidenta de la Asociación de Vendedores San Francisco de Guayllabamba, Inés Morales, reconoce que los negocios fueron afectados por la pandemia. Si antes cada uno podía vender un promedio de $ 900 el fin de semana, la recaudación bajó al 50%.

También lamentó que los miembros de la asociación hayan decidido separarse del gremio. De 65 socios, solo quedan 20. Sin embargo, confía en que poco a poco la recuperación sea posible hasta antes de fin de año.

El juego de los precios

Los precios de los restaurantes en Guayllabamba son accesibles. Oscilan entre los $ 3 y los $ 10, dependiendo del lugar y la comida que los clientes deseen probar. Pero la pandemia obligó a algunos dueños a bajarlos, con el fin de mejorar su competitividad.

Murillo ha mantenido los valores del menú. Un locro de queso, las papas con cuero y el yaguarlocro, acompañados con una porción de tostado y aguacate, cuestan $ 4,5.

La estrategia de otro de los restaurantes tradicionales de Guayllabamba, Doña Aidita, fue bajar un poco el costo de sus platos. En su caso, los platos pasaron de $ 4 a $ 3,5. Su propietaria, María Aída Quinteros, dice que con esta decisión, hasta el momento, ha logrado estabilizar la economía de su negocio.

Alicia Chisilema tiene su local de chirimoyas, tradicional fruta de Guayllabamba, en la calle principal, desde hace 30 años. Además, vende aguacates, pepinos y mandarinas, que también se dan en esa zona.

“Con el confinamiento, los turistas dejaron de venir y esto hizo que mis ingresos disminuyan”, dice. Pero ahora que finalizó el periodo de restricciones en fin de semana y los toques de queda, apuesta por recuperarse con precios más bajos “y dando hasta una yapa”. (I)