En Ecuador se ha registrado en este mes caída de ceniza volcánica y fuertes lluvias, que han provocado problemas a cultivos, bloqueo de carreteras, inundaciones, entre otros inconvenientes. Pero estos fenómenos naturales también suelen interrumpir las operaciones aéreas.

En el caso de la ceniza volcánica, puede afectar al funcionamiento de uno o más motores, oscurecer los parabrisas e incluso contaminar la cabina; a largo plazo se podrían erosionar los componentes de la aeronave, según se indica en la Guía para la seguridad de vuelo y las cenizas volcánicas, publicada por la Organización de Aviación Civil Internacional en 2012.

Ante estos riesgos, se han desarrollado herramientas tecnológicas que permiten, por ejemplo, conocer de la presencia de ceniza, lo que permite evitar su presencia y tomar otra ruta, según menciona Nicolás Larenas, experto en aeronáutica.

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Mientras, el instructor de vuelo, Roberto Xavier Marcos Vaca, quien tiene 30 años como piloto y casi 12.000 horas de vuelo, aclara que además de las herramientas tecnológicas, los pilotos deben revisar siempre los reportes climatológicos antes de despegar. Si existe el riesgo de encontrarse con ceniza volcánica, se toma otra ruta o simplemente no se vuela.

Indica que esto se traslada a los aeropuertos. Cuando hay caída de ceniza, se pueden suspender las operaciones por varias horas o incluso días y semanas. Larenas comenta que cuando este material cae en grandes cantidades, también se revisa la estructura de la terminal para evaluar posibles daños, por ejemplo, en techos.

Marcos señala que los reportes metereológicos no incluyen solamente la presencia de ceniza volcánica sino también posibles tormentas eléctricas. Además se cuenta con información permanente en Internet y redes sociales. A esto se suma la que emiten organismos oficiales.

Pero existen casos en los que la emisión de ceniza se da súbitamente. Hay señales que los pilotos pueden identificar, tales como: manchas en parabrisas, indicaciones erróneas en instrumentos, incluso hasta se puede apagar el motor o ingresar el material volcánico en las tomas de aire acondicionado, lo que produce olor a huevo podrido en la cabina por el azufre, detalla Marcos.

“La comunidad aeronáutica está consciente de que vivimos en el cinturón de fuego de volcanes del mundo y hay que aprender a vivir con ellos. Aquí no hay historial de accidentes severos por ceniza”, recordó.

Finalmente, Marcos destacó que en Ecuador se capacita cada seis meses a los pilotos sobre estos temas. (I)