Las 57 zonas del país que son parte del sistema nacional de áreas protegidas del territorio continental son resguardadas por 700 guardaparques, incluidos los jefes y técnicos, pero una disposición emitida el 19 de junio por el Ministerio del Ambiente y Agua (MAA) pone en riesgo de desempleo a 193 de ellos con nombramiento provisional.

El peligro está en volver, en la región Costa, a las áreas marinas y costeras que estaban protegidas solo en el papel sin actividades de vigilancia, advierten los científicos.

Xavier Chalén, director del Programa Marino Costero de Conservación Internacional, dice que la medida implica un retroceso de lo conseguido.

La decisión llega ante el compromiso, plasmado en los planes de desarrollo que se elaboran desde el 2007, de incorporar al mar y al perfil costero dentro del sistema de conservación. “No solamente estaba la necesidad como país, sino por compromisos internacionales... Tener ojos para proteger la biodiversidad oceánica y costera”, asegura.

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Efectos de la disposición

Cada año se requieren $12 millones para sueldos y movilización del personal más tareas de mantenimiento en las áreas protegidas, dice Augusto Granda, presidente de la Asociación de Guardaparques del Ecuador. Estas suman 5 218 524 hectáreas (ha) de territorio y 13 183 402 ha de área marina, el 20 % de la superficie terrestre del país. “El compromiso (del MAA) es solo desvincular, de los 193, a los que obtuvieron menos de 90 puntos en la evaluación del 2019 y cubrir esas plazas. Esperamos hasta el 30 de junio que así sea”, indica.

Los calificados con 90 puntos o más, señala Granda, siguen pero bajo contratos de servicios ocasionales. El dirigente dice que esta semana se conocerá cuántos finalmente serán separados de la entidad.

La visión en las zonas protegidas es no desalojar a la población ni eliminar las actividades que son su sustento económico, sino cómo conservar desde el desarrollo sostenible, indica Chalén, de CI.

En el caso de la Costa es “entender cuáles son las interacciones entre las capturas que se hacen en las áreas protegidas con las especies de alto nivel de conservación como las tortugas marinas, mantarrayas, tiburones, ballenas”. Función que requiere de personal que de por sí ya era escaso.

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Rescatar un delfín o una tortuga marina y determinar el impacto de la basura marina, del plástico y de las artes de pesca están entre las funciones de quienes vigilan y controlan las áreas protegidas costeras.

La actividad incluye educar a la población sobre el cuidado y protección de las áreas protegidas, hacer el monitoreo de la biodiversidad y coordinar los proyectos de desarrollo.

El Área Nacional de Recreación Playas de Villamil conserva 14 de los 40 km del perfil costero de este cantón. Es el tramo que va del sector conocido como El Humboldt hasta el estero de Data Villamil. Toda el área es una zona de anidación de tortugas marinas. Algunas también llegan muertas golpeadas por barcos, enredadas en artes de pesca o afectadas por motivos naturales.

Con la labor de los guardaparques se conoce, por ejemplo, que de cada diez tortugas rescatadas en Playas dos son de Engabao, poblado que está fuera del área protegida. De darse la salida solo quedaría una persona de las nueve que están y rescatan tres tortugas en promedio a la semana. “Una sola qué puede hacer”, se pregunta uno de los que serían desvinculados, quien pidió la reserva de su nombre.

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A ello se suma que la captación en video de la fauna sirve como fuente documental para que lleguen más recursos del exterior. Es una labor sin fin. En las zonas costeras del país se cuantificó que más de 135 000 neonatos de tortugas han llegado al mar en los últimos cuatro años. La información es producto de la labor de los guardaparques.

Rescatar a la fauna marina es una de las funciones de los guardaparques. La foto corresponde a la Reserva Ecológica Manglares Churute, en Guayas. Foto Cortesía de Conservación Internacional.

‘Conservar áreas prístinas costeras es ilógico porque ya no las hay en la región’, dice Chalén.

Falta más personal de campo

El Parque Nacional Machalilla, en Manabí, y la Reserva Ecológica Manglares Churute, en Guayas, fueron las primeras áreas protegidas creadas en la región Costa, ambas en 1979. Transcurrieron 16 años para crear otra más, la Reserva Ecológica Cayapas Mataje, en Esmeraldas, en 1995.

Sin embargo, recalca Xavier Chalén, de la ONG Conservación Internacional, la protección era incipiente en los inicios porque no había capacidad de gestión.

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“Básicamente no tenían ninguna actividad para conservar. La mayoría de las comunidades que están dentro de las áreas marinas y costeras protegidas hacen pesca artesanal ancestral tradicional y más bien ellos necesitaban protegerse de la pesca industrial, que a pesar de que tenía un marco regulatorio que les impedía, por ejemplo, entrar a las 3 y 8 millas marinas, hacer arrastre y otras actividades industriales, aún así se vulneraba la ley”.

En el resto de regiones, como la Amazonía y en el archipiélago de Galápagos, sí había un mayor control, pero allí hay otras amenazas como la explotación petrolera, la cacería y la pesca. “Estamos dejando mucha burocracia en sectores donde el escritorio es la base de actividades, tenemos que hacer país en el campo”, refiere sobre el posible recorte del personal. (I)