Comprender el funcionamiento del sistema inmune y la longevidad de las tortugas terrestres gigantes, para lograr la conservación de esta y otras especies, es uno de los principales objetivos de varios científicos que lograron descifrar el genoma del Solitario George, el último quelonio gigante de su especie (Chelonoidis abingdonii) que vivió en la isla Pinta, en Galápagos.

La tortuga murió en 2012 y no dejó descendencia, pese a los programas de reproducción a los que fue sometida en estado de cautiverio.

El estudio, publicado el pasado 3 de diciembre en la revista Nature Ecology & Evolution, duró diez años, fue liderado por investigadores de las universidades de Yale (EE.UU.) y Oviedo (España) y también analizó el genoma de la tortuga gigante de Aldabra (Aldabrachelys gigantea), única especie viva de este tipo en el océano Índico.

Según Washington Tapia, investigador de Galapagos Conservancy y asesor científico de la Dirección del Parque Nacional Galápagos (DPNG), la investigación ayudará a entender si hay relación entre estas especies y otras de larga vida.

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“En este contexto lo que se encontró es que dentro de los cerca de 27.000 genes que forman el genoma (de George) hay cerca de 43 secuencias específicas que estarían relacionadas con la longevidad y la capacidad que tienen las tortugas de Galápagos y de Aldabra de estar libres de enfermedades”, dice.

Conocer el genoma de estas tortugas puede dar luces para mejorar las medidas de manejo de los quelonios, indica Tapia. “Sabemos que tienen una larga vida. Hay hipótesis que nos dicen cuándo ocurre la madurez sexual. Esta investigación nos puede ayudar a desarrollar estudios que nos digan el año específico cuando ocurre su madurez sexual”.

Además, la secuenciación ha proporcionado información sobre la prevalencia de cáncer en estos reptiles. La mayoría de especies longevas tiene mayor riesgo de padecer esta enfermedad.

Sin embargo, los resultados confirman que, en el caso de estas tortugas gigantes, los supresores de tumores estaban más extendidos que en otros ejemplares de menor tamaño.

“(El estudio) puede dar luces a los expertos para tratar de entender si el hombre tiene los genes que se encontraron en las tortugas que las hacen propensas a vivir largo tiempo, pero sobre todo a tener una protección ante enfermedades catastróficas como el cáncer y que tienen una fácil recuperación a heridas graves”, agrega Tapia.

La investigación también proporciona datos valiosos para el programa de repoblación de tortugas que actualmente se aplica en el Archipiélago, asegura Diana Cárdenas, bióloga y asistente de investigación de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol).

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“Se puede comparar el genoma de George con especies híbridas de tortugas para poder encontrar un individuo de la especie de George, porque todavía no se sabe con certeza si George realmente fue el último de su especie y poder iniciar un programa de recuperación”, dice.

De hecho, el Parque Nacional Galápagos ya utiliza estos datos para recuperar poblaciones de quelonios en las islas Pinta y Floreana, según Jorge Carrión, director de la entidad.

“La especie de George y Floreana prácticamente se considera extinta, pero en el volcán Wolf, en la isla Isabela, hemos encontrado individuos que tienen una alta carga genética de individuos de Floreana especialmente y posiblemente de Pinta. Entonces, estos estudios nos ayudan para tener una posibilidad de restaurar especies que se creen extintas”, señala.

Otro de los aspectos por resaltar del estudio es que se descubrió un gen que impide la variabilidad genética en la secuencia de ADN de George, según la brasileña Fernanda Bertuccez, profesora de Embriología y Evolución de la Espol.

“A pesar de tener (las tortugas del tipo de George) muchos mecanismos para sobrevivir, tienen este gen. Sin variabilidad genética hay una posibilidad mayor de que la especie pase un proceso de extinción. No es una relación extremadamente directa, pero la variabilidad entre organismos es importante para la biodiversidad”, dice.

Clonación del quelonio no es opción

Clonar al Solitario George no sería una opción para la recuperación y conservación de esta especie, afirma Washington Tapia, investigador de Galapagos Conservancy.

Sostiene que “en la mente de los investigadores y del Parque Nacional Galápagos no se ha cruzado tal idea”.

El experto dice que la clonación de George no sería de mucha ayuda ya que cuando se aplica este método se realiza “una fotocopia” de un individuo con sus virtudes y defectos.

“Desarrollar la técnica es prohibitivamente caro y ese dinero puede ser invertido en acciones reales de conservación. Cuando murió George se pudo constatar que él tenía problemas fisiológicos que no permitieron su reproducción y eso solo lo aprendimos en su necropsia. Sus clones tendrían los mismos problemas y no se podrían reproducir con otras hembras”, afirma el experto.

Indica que el actual sistema que aplica el Parque Nacional Galápagos es utilizar una especie similar a la de George para repoblar la isla Pinta. (I)