Cierra sus ojos e imagina a su esposa e hijos, felices, jugando en un prado. Él los ve a lo lejos y se acerca; ellos corren hacia él y se reencuentran. Javier Pincay hace suya esta escena, tomada en esencia de la parte final de la película épica Gladiador (2000), cuando al morir el protagonista vuelve a ver a su familia. Piensa en que así podría ser el cielo.















