Ecuador debe desarrollar el primero (de muchos) museos para personas con discapacidad auditiva, visual, motriz e intelectual. Las normas están allí. ¿A quiénes les corresponde actuar?

Por otra parte, se precisa educación, sensibilización, para entender que una persona que no puede movilizarse necesita que sean eliminadas, en instituciones y empresas privadas y públicas, toda barrera arquitectónica. Y que personas que no pueden ver, oír, o que tengan algún deterioro cognitivo, necesitan museos con maquetas de los atractivos turísticos del país y de la propia ciudad, para que quienes no pueden ver, puedan por lo menos sentir en maquetas con alto relieve los detalles de esos atractivos.

Además, cada museo del Ecuador en cada atractivo turístico podría habilitar una maqueta, con la estupenda creatividad que tenemos los ecuatorianos, para hacer vivir una experiencia hermosa y dignificante a esa persona que no puede ver, incluyendo sistema braille, así como recursos –que en Madrid el Museo Tiflológico de la ONCE ya los tienen y podrían acá replicarse– para quienes no puedan oír.

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Las personas con discapacidad deben poder ejercer su derecho a vivir con dignidad y disfrutar con la máxima plenitud posible de tantas bellezas de nuestro Ecuador.

Recuerdo haberle leído, a una persona no vidente, un libro coral en la Catedral, y producido en él una experiencia hermosa. Sí se puede.

Además, en Quito, en el Museo de Ciencias, podría habilitarse un espacio para que puedan disfrutar, jugar, con recursos adaptados.

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Es necesario adaptar el arte, la historia y la cultura para todos, y que esta sea incluyente con quienes viven una realidad diferente a la nuestra por sus necesidades específicas. (O)

Diego Fabián Valdivieso Anda, economista, Quito