Caminar sobre una cuerda floja o semitemplada al aire libre, lógico que es inseguro. Los países al igual que las personas inteligentes que culminan metas o exitosas gestiones, realizan las caminatas, ya sea corto o largo el trecho, colocando la cuerda sobre tierra léase los pies en la tierra y a paso de vencedores, sin prisa, ni cálculos mezquinos alcanzan logros positivos.
Los países y personas sin criterio políticos y de astutos procederes, osan caminar e indefectiblemente chocan contra su soberbia y terquedad, acarreando al pueblo o a su familia a graves consecuencias, tales como: la pauperización, la moral baja y la disgregación social. Los países y personas que no ponen los pies en la tierra difícilmente logran superar el golpe del fracaso que puede tornarse irreversible si no se medita a tiempo los pasos positivos que tienen que darse en beneficio del bien común.
Los países y personas que se superan rebasando obstáculos, toman como base un rígido control administrativo, disciplina financiera férrea, estima de pertenencia de haber dado pasos seguros de querer hacer lo mejor en pro del bienestar de los demás. Pero los errores, por imprecisiones o por querer escamotear bienes ajenos, son imperdonables y podrían hacer al infractor excluido de por vida de la participación política y social.
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Es ingratitud y desavenencia para todos el saber que quien cometió una grave infracción económica y no recibió su merecido e incluso goza de algún tipo de impunidad, esto es una burla para el país, y la credibilidad nacional tambalea en el concierto mundial de naciones.
El tema pertinente está dirigido a los malos ecuatorianos, afortunadamente para el país, hay muy pocos de tales elementos, pero que los hay, los hay y muy activos, donde procuran hacer creer que todo está funcionando bien.
Un país como el nuestro no puede permitir este tipo de situaciones. Dentro de nuestras capacidades somos dueños de muchas opciones y riquezas, es inaudito que no sean implementadas en beneficio de todos y continuemos como barco perdido en el ancho mar y gareteando sobre las olas del infortunio. (O)
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César Antonio Jijón Sánchez, técnico de mantenimiento, Daule


















