Estambul-Kabul

Cuando Turquía aún lloraba a las víctimas del ataque al aeropuerto internacional de Estambul (en Euroasia), cuya cifra se elevó este jueves a 44, un nuevo ataque más al este de Asia cobraba nuevas víctimas.

Se trató de un atentado contra un convoy de jóvenes cadetes de la Policía afgana reivindicado por los talibanes, que multiplican sus acciones en Afganistán, que le causó la muerte a al menos 30 personas y dejó 58 heridos en Kabul.

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El presidente de Afganistán, Ashraf Ghani, denunció el ataque como un “crimen contra la humanidad”, que se produce una semana después de que al menos 25 personas, 14 de ellas empleados de seguridad nepalíes, murieran en tres atentados casi simultáneos en Kabul y en el noreste de Afganistán.

Las autoridades dijeron que se dieron dos explosiones y que se analizan de qué tipo son.

La zona, en las afueras de la capital, fue cerrada por las fuerzas de Policía para permitir la llegada de las ambulancias.

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Esto mientras en Turquía, las autoridades detuvieron a varios sospechosos del ataque del martes último.

Según las autoridades turcas, los autores suicidas procedían de Rusia, Uzbekistán y Kirguistán y la policía allanó barrios en busca de sospechosos vinculados con el grupo Estado Islámico (EI).

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De acuerdo con las autoridades turcas, la información disponible apunta a que el ataque en el Aeropuerto Internacional Ataturk, uno de los más ajetreados del mundo, era obra del Estado Islámico, que esta semana se jactó de tener células en Turquía, entre otros países.

La policía allanó 16 lugares en tres barrios en los sectores asiático y europeo de Estambul y arrestó a 13 personas bajo sospecha de tener vínculos con el grupo extremista.

En principio, el grupo no se declaró responsable del ataque. El Estado Islámico ha utilizado Turquía como cruce para instalarse en los vecinos Siria e Irak. El grupo ha amenazado reiteradamente a Turquía en su propaganda, la que a su vez le ha atribuido varios atentados grandes este año en Ankara y Estambul. Turquía es miembro de la OTAN.

Esto mientras un equipo médico se esforzaba ayer por identificar a los agresores, dijo un funcionario, quien añadió que sus cuerpos habían sufrido enormes daños.

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“Turquía combate actualmente con ferocidad al EI, pero sus errores del pasado han dejado secuelas”, dijo Sinan Ülgen, presidente del Centro de Economía y Política Exterior (EDAM), con sede en Estambul. Así, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan podría pagar caro la intensificación de acciones contra el EI.

Los expertos proyectan que habrá nuevos atentados en este país sunita, que ha sido un terreno fértil para el EI, donde no ha tenido dificultades para captar nuevos miembros. (I)