Quién se propone hacer ejercicio físico porque quiere estar en forma y lo abandona, o quien se predispone a hacer dieta, pero la deja a la primera de cambio, se está boicoteando los planes o haciendo un autoboicot.

El autoboicot puede tener diversos orígenes, como exigencias poco adecuadas, miedos o una autoestima baja. También puede responder a una actitud cómoda que prefiere no asumir ningún cambio.

Llegará a ser autodestructivo si dejamos que el pesimismo y la autocompasión nos impidan reaccionar. ¿Cómo superar el autoboicot para conseguir nuestro objetivo de hacer dieta?

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¿Qué es el autoboicot al hacer dieta?

Al justificar la pasividad o la frustración repetidamente nos estamos autoboicoteando. Foto: triloks

El autoboicot es una tendencia negativa, generalmente inconsciente e involuntaria, que impide hacer verdaderos cambios y causa mucha frustración.

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En mayor o menor medida todas las personas se autoboicotean en algún momento. Esta tendencia destructiva puede atribuirse a una faceta propia o personal que les va poniendo palos en las ruedas, tal como reseña CuerpoMente.

Esa voz interna puede llevar a adoptar una actitud pesimista y destruir la ilusión y la esperanza de que las cosas cambien. También puede generar frases o pensamientos como “esto no es para mí” o “nunca lo lograré”, minando la seguridad y la autoestima.

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El autoboicot fomenta el papel de víctima pasiva ante una realidad que parece demasiado difícil de afrontar. Esto lleva a conformarse con la derrota y a compadecerse de uno mismo.
Esa voz interior es desagradable y por consiguiente se reprime. Pero eso no impide que siga actuando en la sombra, favoreciendo los tropiezos y amargando la existencia.
Es preferible dejar que hable esa parte escondida para desenmascarar sus movimientos. Escuchar lo que piensa lo que siente sin asustarse puede ayudar a comprender sus motivaciones.
Mirar el autoboicot a la cara, reconociéndolo, es la mejor manera de contrarrestarlo. Si descubrimos qué quiere decirnos realmente ese enemigo interno, quizá podamos neutralizarlo y encontrar alternativas de acción diferentes.

Causas psicológicas del autoboicot

Se ha observado que algunas personas sufren ansiedad cuando se van acercando al éxito y acaban fallando en el último momento. Foto: wildpixel

Al justificar la pasividad o la frustración repetidamente nos estamos autoboicoteando. Nos decimos que estamos demasiado cansados o desmotivados, y que ya lo haremos más adelante. ¿Qué nos lleva a adoptar esta aptitud?

Haber tenido unos padres muy exigentes

Es muy probable que le esté dominando una parte infantil desbordada por las exigencias de los padres.

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Habría que evaluar consciente y objetivamente cuáles de estas órdenes ya no sirven y descartarlas. Es preferible quedarse solo con aquellos imperativos que nos sean útiles y responsabilizarse de ellos.

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Tener miedo al fracaso

Se ha observado que algunas personas sufren ansiedad cuando se van acercando al éxito y acaban fallando en el último momento.

Estas personas suelen creer que una vez han alcanzado una meta todo será mucho más difícil. Piensan que tendrán que cumplir unas expectativas muy altas que ellos mismos se autoimponen.

Quien ha observado este funcionamiento en sí mismo debería centrarse en el momento presente y disminuir su nivel de exigencia.

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Una baja autoestima

Una baja autoestima es otra causa frecuente de autoboicot. Pensar que no nos merecemos ser felices conduce inexorablemente a eludir el éxito. En estos casos es preciso enriquecer la percepción que se tiene de uno mismo.

Esa voz interna puede llevar a adoptar una actitud pesimista y destruir la ilusión y la esperanza de que las cosas cambien. Foto: PeopleImages

Miedo al cambio

El autoboicot en definitiva nos exime de la responsabilidad de cambiar. Cambiar suele dar un miedo enorme y, aunque los beneficios sean atractivos, no se está dispuesto a pagar su precio.

Si escuchamos atentamente la voz de cualquier intento de autoboicot detrás es frecuente encontrar miedos, como por ejemplo miedo a lo desconocido, miedo a desprenderse de lo viejo o miedo tanto al fracaso como al éxito.

(I)

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