En menos de un año, tres crías de oso andino (Tremarctos ornatus) fueron rescatadas y trasladadas al Zoológico de Quito desde Cotopaxi, Imbabura y Pichincha. Las oseznas de entre 1 y 4 meses de edad han recibido los nombres de Sisa, Puya y Chuquiragua.
Las oseznas llegaron con cuadros de desnutrición, estrés y alteraciones propias de la separación temprana de sus madres. En la evaluación se determinó que debido a su corta edad y a la falta de desarrollo de destrezas y habilidades de supervivencia, las oseznas no podrán ser reinsertadas en su hábitat natural.
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Ahora están en un proceso de socialización para integrarse en un solo grupo que convivirá en un hábitat de 3.000 metros cuadrados que está en construcción en la parroquia Guayllabamba. Por el momento, Sisa y Chuquiragua están juntas, mientras que Puya, la más joven, mantiene contacto visual y olfativo con ambas.
Sisa fue la primera en el zoo, a finales de noviembre de 2024. Antes estuvo en una clínica de Latacunga, a la que llegó con escasas semanas de nacida. Fue encontrada amarrada dentro de una vivienda en Angamarca (Cotopaxi), con señales de maltrato.
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Chuquiragua, rescatada pocos meses después en Ambuquí (Imbabura), cuando tenía apenas un mes y medio de edad, atravesó una etapa inicial de cuidados intensivos y un proceso de adaptación progresiva a entornos más amplios, siempre bajo monitoreo especializado.
Puya, la tercera cría recibida, fue reportada cuando deambulaba sin su madre, acosada por perros y mantenida en casa de una familia, en Ascázubi (Pichincha). El zoo la recibió con cuatro meses de nacida y una salud frágil.
“Ha sido un desafío técnico, pero también un desafío emocional poder lidiar con cada uno de los casos, atender las necesidades de cada uno de estos animales, pero también pensar en qué podemos hacer mejor como institución en el cuidado, no solo de las oseznas, pero también de los animales en general”, señala Martín Bustamante, director del zoo de Quito.
¿Por qué la reinserción no aplica a las osas? Bustamante dice que es complejo en el caso de los cachorros, porque no han aprendido habilidades de supervivencia de sus madres. “Es más fácil cuando son adultos, cuando ya han aprendido a ser osos y han tenido vida propia. Nosotros como institución entendemos que es la mejor opción desde varios parámetros”, dice citando la salud, el bienestar, el comportamiento, la nutrición, el espacio.
Inicialmente, el recinto creado en una quebrada de los terrenos del zoológico sería solo para Sisa; pero estar juntas les dará a las tres una mejor estructura social. “El espacio es suficientemente grande, son más de 3.000 m², y eso nos da calidad de hábitat. Además, las dificultades del entorno andino con pendientes, subidas, zonas para mojarse, árboles para trepar son idóneas”.
Bustamante sabe que en los ecosistemas vecinos, a los osos les disparan y son ajusticiados. “Vemos y entendemos con preocupación, como parte de este gremio que trabaja en atención a los conflictos con la vida silvestre, que el oso está frecuentemente involucrado en estos problemas. ¿Qué hacer?”.
De parte de su sector, la investigación es un primer compromiso. Luego está el trabajo con las comunidades en las que vive el oso. El fomento de modos productivos sostenibles. “Creemos que es necesario también incorporar diferentes discusiones en la sociedad. El oso es una especie emblema, representa a las personas andinas. Es un compromiso que debe surgir de las instituciones que trabajamos por la conservación, pero también por parte de la sociedad y de los diferentes niveles de gobierno”.
Cada 21 de febrero se celebra el Día Internacional para la Protección de los Osos del Mundo, y esto hace pensar también en los osos que viven de manera silvestre, en situaciones de conflicto con las comunidades. Bustamante recalca que el equipo veterinario y zoológico asiste con los procesos de remoción y traslocación de los animales, y con el marcaje con collares de rastreo satelital. “Pero hay otro factor muy importante en el que hemos empezado a trabajar ya, que nos convoca en las zonas rurales del Distrito Metropolitano de Quito, concretamente en las áreas protegidas”.
Este consiste en tratar con los finqueros y familias que tienen sus labores productivas en zonas cercanas al hábitat del oso, para crear mecanismos de coexistencia y de producción sostenible. “Es otra forma de asegurar la vida de la gente y la vida de los osos”.
Mientras tanto, Sisa, Puya y Chuquiragua aprenderán una nueva vida, establecerán una jerarquía social a través de juegos, señales de sumisión y límites claros, monitoreadas para que no haya agresiones persistentes o riesgosas para ninguna de las tres.
“Un grupo estable es aquel en el que las relaciones e interacciones son predecibles, el ambiente es seguro y las crías pueden desarrollarse física, emocional y conductualmente de forma adecuada, sentando bases sólidas para su bienestar futuro, manejo veterinario, procesos de enriquecimiento y programas de educación”, menciona David Mora, director de Bienestar Animal del zoológico.
El recinto en la quebrada ha sido posible gracias al apoyo de ciudadanos y empresas, dentro de la campaña “Un hábitat para Sisa”. Está construido al 90 % y estará listo en abril de este año.
Un estudio publicado en 2022 en Ecuador registró 867 casos de conflicto entre gente y fauna silvestre en el periodo 2000-2022. La mayoría de estos eventos se reportaron en zonas montañosas del país, con alta incidencia en Pichincha, Tungurahua, Imbabura, Napo y Morona Santiago, siendo el oso andino el protagonista principal, en el 34 % de los casos.
El oso andino u oso de anteojos es la única especie en Sudamérica y cumple un rol fundamental en los ecosistemas. A nivel regional se la considera vulnerable, sin embargo, en Ecuador las presiones son mayores y ha sido catalogada como especie en peligro, siguiendo los criterios de Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). (I)