Antes de la pandemia Martha García ya trataba de que sus consumos sean sostenibles. Intentaba de reducir al mínimo los productos envueltos en plásticos de un solo uso, se movilizaba en transporte público y en bicicleta. Una vez que se ha superado la etapa más crítica de los contagios y muertes (el Gobierno incluso eliminó el uso de mascarillas en lugares abiertos y cerrados) y que el país entra en la etapa de pospandemia, Martha dice que afianzará su consumo responsable con el planeta. “El virus fue una alerta grande”, afirma.

Es que ahora los consumidores se transformaron en agentes del cambio y son quienes demandan a las compañías y gobiernos un mayor compromiso social y medioambiental, indica el informe Future Consumer Index: Deconstruyendo al consumidor postcovid y su apuesta por el consumo sostenible, publicado en marzo pasado por la firma Ernst & Young. El estudio indica que el 56 % de los consumidores a nivel mundial prestará más atención al impacto ambiental de lo que compra en esta etapa de pos-COVID-19.

¿Cuál es la importancia de obtener la certificación de carbono neutro para las empresas ecuatorianas?

Si bien el precio sigue siendo uno de los atributos más importantes, entran en juego factores tales como el empaquetado sostenible, el origen, el impacto en nuestra salud y en el medioambiente, que nos dan pistas de cómo el consumidor se ha vuelto más complejo y más reflexivo ante sus decisiones de compra”, indica la investigación.

Es por esto que las empresas en Ecuador deben incluir en sus procesos de producción los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) ya no como algo voluntario sino obligatorio, ya que si no se da este cambio en el mediano y largo plazo las preferencias de los consumidores les provocarán un impacto económico negativo.

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Fernando Acurio, presidente ejecutivo de la firma Acurio & Asociados, sostiene que este comportamiento ha “redibujado” el mercado empresarial y que mejorará la competitividad y el tejido empresarial en el país. Incluir los ODS en la planificación de las compañías eleva su reputación y crea un activo intangible con valor.

Sostenibilidad, un concepto que las empresas ecuatorianas necesitan adoptar y no solo por competitividad

Natividad Guadalajara, catedrática de la Universidad Politécnica de Valencia, afirma que a nivel mundial las empresas se están enfocando en los ODS que tratan sobre el buen manejo del agua, energía asequible y no contaminante, producción y consumo responsable, y acción por el clima.

Los ODS están impactando e influyendo más en los valores de las marcas que en los valores de responsabilidad social corporativa. Es una paradoja, pero es así. Es más beneficio para las empresas divulgar sus metas dentro de los ODS para incrementar su valor”, indica.

En tanto, Jorge Brito, socio de auditoría en Deloitte Ecuador, afirma que la aplicación de ODS pasó a ser una exigencia en el país debido a que cualquiera que fuera la actividad de una empresa, todas tienen una huella ambiental o de carbono que deben reducir hasta llegar a categoría neutro.

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“Por esto es que vemos que en los reportes de responsabilidad social han empezado a aparecer indicadores como el capital intelectual, las inversiones en innovación o si se trabaja con bancos que ofrecen fondos verdes”, señala.

Con esta pandemia, ¿realmente los humanos le hemos dado al planeta el respiro que por décadas ha necesitado?

En septiembre del 2022 se cumplirán dos años de la aprobación la Norma Ecuatoriana para el Buen Gobierno Corporativo, que da referencias para facilitar la dirección de compañías, mitigar riesgos, protegerlas de la corrupción, optimizar la gestión de recursos, aumentar la confianza de los inversores y crecer de forma sostenible. Esta normativa fue expedida por la Superintendencia de Compañías.

“Los ODS invitan también a que las empresas se preocupen más en temas ambientales, sociales y de gobernanza conocidos como ASG. Los ASG están cubiertos por la norma aprobada por la Superintendencia que invita a hacer estudios sobre gases de efecto invernadero, por ejemplo”, dice Brito.

Los expertos concuerdan en que las compañías ecuatorianas deben evitar la práctica del greenwashing (lavado verde o ecoblanqueo), es decir, crear una imagen “verde” cuando sus procesos productivos son perjudiciales para el planeta.

Una empresa socialmente responsable y sostenible crea valor para todos los stakeholder (grupos de interés) incluido el medioambiente. No puede ser que yo, como empresa, esté generando riqueza, pero contaminando los ríos o los mares”, menciona Brito. (I)