El mensaje de Jack Grove, Ph.D., quizás el mayor experto de los peces que llenan de vida el mar de Galápagos, resulta contundente y necesario: las islas Encantadas han sufrido un impacto tremendo a su biodiversidad desde que aquellos bucaneros del siglo XVI capturaban miles de tortugas gigantes para embarcarlas como alimento, hasta la depredación contemporánea provocada por las especies introducidas (chivos, perros, gatos, ratones), la pesca excesiva e incluso el turismo.

Biólogo Jack Grove visitó Guayaquil previo a su recorrido por las islas Galápagos. Foto: Moisés Pinchevsky.

Y para resolver esta situación, las medidas deberían involucrar alianzas internacionales. “Galápagos no es una entidad separada o aislada. En términos de biología marina, no podemos proteger la naturaleza marina de las islas si no protegemos todo el Corredor Marino del Pacífico Este Tropical (CMAR, según sus siglas en inglés)”, que abarca el océano de Ecuador, Colombia, Panamá y Costa Rica. “Los peces, las tortugas marinas, las mantas y los tiburones, entre otras especies, migran desde Galápagos a la isla del Coco (Costa Rica) y regresan, una vez al año. Es decir, la vida marina necesita ser protegida de una manera más amplia en todo ese circuito”.

Biólogo Jack Grove y Santiago Dunn, presidente de la operadora Ecoventura. El experto llegó al Ecuador para acompañar un tour especial en las islas Galápagos operado por esa empresa. Foto: Moisés Pinchevsky.

Jack comenta esta alerta durante una entrevista que brindó a La Revista el sábado de la semana anterior durante su paso por Guayaquil, previamente a su más reciente viaje a las islas Encantadas como biólogo experto que suele acompañar a viajeros en tours especializados en la vida marina.

Biólogo Jack Grove en la Estación Científica Charles Darwin, durante el viaje de una semana a Galápagos y que concluyó este domingo. Foto: Cortesía.

El Parque Nacional Galápagos y la Estación Científica Charles Darwin realizan una labor conservacionista magnífica, aclara Jack, pero este propósito requiere una cooperación más extensa entre los países involucrados. “Esa visión debería ser incorporada en el plan a largo plazo de protección no solo del archipiélago, sino también de las islas colombianas, panameñas y costarricenses”.

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La comunidad internacional está muy atenta a lo que ocurre en estas aguas, en cuyas proximidades se observa cada año la llegada de flotas internacionales (mayormente con cientos de barcos de China) que llegan a pescar masivamente. Tal problema ha provocado que personajes como Leonardo Di Caprio se involucren en la conservación del ecosistema galapaguino, el cual entre el 2007 y 2010 estuvo en la lista roja de lugares Patrimonio de la Humanidad en peligro por amenazas o abusos ambientales. Curiosamente, antes de eso Jack había escrito una carta a las Naciones Unidas expresando su preocupación. “Por ello fui nombrado ‘persona no grata’ en las islas”, menciona, sin que eso signifique que tal alerta de la Unesco haya provenido debido a su denuncia.

Llegó ‘a dedo’

El estadounidense Jack Grove, nacido en Pensilvania hace 69 años y radicado actualmente en Cayo Largo (Cayos de Florida), ha visitado más de 120 países en el planeta con el propósito de estudiar su riqueza marina, pero ningún otro destino se compara con aquello que ha encontrado en las islas Galápagos, las cuales ha recorrido en más de 80 ocasiones desde 1975, año en que llegó por primera ocasión.

Jack Grove era un joven marinero que navegaba con sextante en la década de los años 70. Foto: Cortesía.

Entonces era un joven de 23 años de edad que laboraba en una granja de tortugas marinas en Gran Caimán, en el mar Caribe, y, cada vez que podía, se conectaba a los mares haciendo “dedo” entre botes y veleros privados que observaba en los puertos por donde pasaba.

Ofrecía su trabajo como marino a cargo de las velas y como navegante con sextante en mano, ese añejo aparato que ayuda a tomar el rumbo marítimo adecuado gracias a la posición de los astros. Así llegó a la isla de Santa Lucía, también en el Caribe, adonde coincidentemente también arribaría el millonario Alexander Bell, quien estaba dándole la vuelta al mundo con el velero Alsanal Too, construido en el Arsenal Naval de Guayaquil, en compañía además de José Chalén, quien trabajaba en esa entidad de la Armada del Ecuador y se comprometió a acompañar esa travesía cumplida desde 1970 hasta 1975, por lo cual quizá sea el primer ecuatoriano que haya navegado alrededor del mundo, dice Jack.

Bell le ofreció trabajo temporalmente y, un año después, lo contrataría nuevamente como parte de la tripulación que se dedicaría por tres meses a recorrer las islas de Galápagos. “Cuando llegué (al Ecuador) supe que mi vida estaba a punto de cambiar”, indica. Y desde entonces ha permanecido maravillado por la vida marina de las Encantadas, que comenzó cuando empezó a estudiar los peces más cercanos a las orillas. “Ese fue mi primer artículo académico”.

Portada del libro del biólogo Jack Grove. Foto: Cortesía

Naturaleza versus humanos

Esa fascinación continuó con los años y le ha permitido escribir el libro The Fishes of the Galapagos Islands (1997), con coautoría de Robert J. Lavenberg, que abarca 444 especies, y actualmente prepara una segunda edición aumentada que contará con un total de 535, ya que incluirá a los peces de aguas profundas. También lo ha llevado a descubrir para la ciencia una especie hasta entonces desconocida, llamada localmente norteño, y nombrado Epinephelus cifuentesii (en honor a Miguel Cifuentes, un anterior director del Parque Nacional Galápagos) e identificar la desaparición de otra endémica, llamado damisela punta negra (Azurina eupalama), cuya extinción ocurrió tras el fenómeno de El Niño de 1982 y 1983.

Jack Grove descubrió una nueva especie para la ciencia: el norteño (Galápagos), nombrado 'Epinephelus cifuentesii' (en honor a Miguel Cifuentes, un anterior director del Parque Nacional Galápagos). Foto: Cortesía (tomada por Jack para un aviso que promueve la pesca deportiva en San Cristóbal).

“Esos años ocurrió el ENSO (El Niño–Southern Oscillation) más impactante que registra la historia. 600 personas murieron en Ecuador y Perú debido a las inundaciones. En Galápagos hubo erosión y cascadas donde no había antes; un rayo mató a una persona en las montañas de Santa Cruz a fines de 1982. Y también se descubrieron nuevas especies de peces. Y justo estuve en Galápagos en esos años”, indica Jack, ya que entre 1977 y 1984 laboró como guía turístico en el barco El Bucanero, de 56 tripulantes y con capacidad para 90 pasajeros.

Biólogo Jack Grove (der.) y Jean Michell Cousteau, con quien ha emprendido expediciones. Foto: Cortesía

Aquel El Niño fue devastador para las islas Galápagos, donde observaba animales muertos en las zonas que recorría con los viajeros. “Muchos se quejaban, pero yo les decía que eran privilegiados por observar cómo estaba trabajando la teoría de la evolución propuesta por Charles Darwin”, menciona, ya que solo sobrevivían los animales que podían soportar aquel impacto.

El biólogo Jack Grove tomó esta foto de pingüinos en la isla Isabela durante su reciente viaje a Galápagos. Foto: Cortesía.

Aquello era la naturaleza funcionando, lo cual resulta inevitable, pero sí es posible proteger a las islas Galápagos de las amenazas generadas por el ser humano, sostiene Jack Grove, para lo cual se necesitaría cooperación internacional, leyes más estrictas, sanciones más firmes a los infractores y una decisión política más determinante. “El mundo ha cambiado desde 1975. Al igual que nadie usa un sextante en la actualidad, otras cosas han cambiado. Ha cambiado la situación de la conservación debido al tráfico ilegal de aletas de tiburón, a la presencia de flotas de China, a la industrialización y comercialización de elevados volúmenes de pesca…”. Y eso requiere medidas urgentes que, según considera, ayudarán a proteger ese debilitado ecosistema. (I)