Una chispa de inspiración en edad temprana es lo único que se necesita para conducir a un ser humano por caminos creativos y de compromiso con la comunidad y el medioambiente, iluminando para siempre su vida e, indirectamente, la de su entorno.

Diego Bermeo ha motivado a decenas de niños y jóvenes de las encantadas a través de la fotografía, tanto como arte cuanto como herramienta para transmitir mensajes, emociones e incluso para hacer ciencia.

Diego, originario de Guayaquil, siempre tuvo el sueño de estudiar fotografía como carrera formal. La vida lo llevó por diversos caminos, dentro y fuera del país, hasta que en 2010 se convirtió en voluntario para el Parque Nacional. Hasta su llegada a Galápagos, ya como padre de familia, él se describe como un citadino más, con limitado interés en la naturaleza.

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Al acompañar a los guardaparques en arduas tareas de erradicación y de conservación, en caminatas de hasta diez horas por los volcanes, empezó a entender la vida desde otra perspectiva, a apreciarla a través de su lente. Documentando el trabajo de los parqueros se iba percatando del inmenso potencial de la fotografía como medio de comunicación, y, sobre todo, de inspiración. Desde el 2012, Diego trabaja en el área de comunicación ambiental del Parque Nacional, donde en el 2014 crea el programa Jóvenes fotógrafos de Galápagos”.

“El valor de la naturaleza es invaluable, los recursos son finitos. Debemos cambiar nuestros hábitos, dejar el consumismo. Deseo replicar mi experiencia en los jóvenes, que la fotografía los induzca a valorizar el planeta y a generar su contribución”.

Hasta el momento ha vinculado a más de 300 jóvenes a través de distintos proyectos de fotografía. Varios han obtenido becas de estudio en universidades del país gracias a los conocimientos y experiencia obtenida en los talleres que se imparten sin costo alguno.

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En una encuesta del año 2017, apenas 7 de cada 10 niños habían estado alguna vez en otro lugar que no fuera su isla de residencia, y no recordaban más que dos de los 169 sitios de visita de Galápagos. El programa Jóvenes fotógrafos de Galápagos combina el estudio de la fotografía con salidas al campo junto a parqueros y guías, para aprender sobre la naturaleza y tareas de manejo e investigación.

Han realizado exposiciones locales, y en el continente, como en la Casa de la Cultura, núcleos de Pichincha y del Guayas, la Universidad de las Artes en Guayaquil y el Museo Luis Noboa Naranjo en Guayaquil. Con su evidencia fotográfica los talleristas ayudan en registros de estado de las poblaciones de flora y fauna y documentan las batallas contra las especies introducidas. La gran mayoría de estos jóvenes no cuenta con cámara propia. Pero de alguna manera Diego se asegura de conseguir equipos. Se autofinancian con rifas, venta de postales, fotos expuestas, etc.

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La empresa privada también colabora: Ecoventura, Lindblad Expeditions, Metropolitan Touring asignan cabinas para el desarrollo de cruceros fotográficos.

Diego aspira a que se revisen las políticas institucionales y públicas para fortalecer este tipo de iniciativas, y que queden inscritas en el calendario escolar. Por lo pronto, en julio del 2021 dictará un nuevo taller de tres meses de duración para aproximadamente 30 fotógrafos nuevos en la isla Santa Cruz, a propósito del aniversario 62 del PNG.

Los Jóvenes fotógrafos son embajadores de la conservación, y Diego una fuente de inspiración. (O)