La hamburguesa es una comida sencilla, de rápida elaboración y fácil de consumir. Es la preferida de muchos cuando contamos con poco tiempo a la hora de almorzar o cenar. Hacer esta creación típica en el menú norteamericano (los estadounidenses consumen más de 50.000 millones de hamburguesas cada año) parecería no ser una tarea muy complicada; finalmente, se trata de tan solo unos pocos elementos que la conforman: pan, carne, algunos vegetales y salsas.

Aunque todos los ingredientes son importantes para que el resultado final tenga éxito, seguro es la proteína que se use la que definirá la clase, estilo y sabor. Recuerdo que mi madre tenía una receta tremendamente mala; usaba solo carne de res, trozos de cebolla perla y perejil picado. Las hacía muy gruesas, por lo que debía freírlas largo tiempo; terminaban casi quemadas y secas por dentro. Casi incomible.

Siguiendo la recomendación de un amigo comelón como yo, llegué a Jurgers, una pequeña hamburguesería gourmet ubicada en Circunvalación Sur 111, frente al parque de Urdesa. Al entrar, lo primero que me sorprendió gratamente fue que el aroma del sitio estaba limpio; no tenía ese desagradable olor a fritura que se impregna en la ropa y que me espanta de los lugares.

Como en los mejores restaurantes del mundo, el personal está superbien entrenado. Era mi primera vez, así que interrogué al mesero sobre varios temas del menú; y él, con amabilidad, mucha paciencia, conocimiento y la experiencia de haber probado cada hamburguesa, contestó mis preguntas. Además me recomendó que el término de la carne (cada una tiene 110 gramos de tres cortes distintos) sea de ¾ para mantenerla jugosa.

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Empecé con la Jammer ($ 11). Según me comentaron, fue el inicio de todo; perfeccionar la receta tomó muchos meses. Sobre la carne, una buena porción de queso cheddar, y encima cebollas caramelizadas mezcladas con pequeños trozos de tocino. Al morderla sentí una sabrosa combinación dulce, crocante y untuosa. Una excelente hamburguesa con carne de un nivel superior, deliciosa.

Entusiasmado por lo que había comido, probé la Cruncher ($ 9). Tenía otro estilo; ahora fue la cremosidad del queso Pepper Jack (ligeramente dulce, con pedacitos de pimientos rojos y verdes), que contrastaba con las pequeñas, delgadas y crujientes cebollas fritas al punto máximo. La carne tenía el tamaño ideal; mantuvo su presencia y sabor en cada mordisco.

Finalmente, no me podía ir sin darle un mordisco a la que está de moda en estos tiempos: la Smasher ($ 7 la sencilla y $ 9,50 la doble). En este caso, para poder aplastar la carne, usan 80 gramos de la misma receta secreta; pero el pan es de papa, cebolla colorada fresca, con pickles caseros y, por supuesto, abundante queso cheddar. Es la hamburguesa perfecta para sentir la calidad de los ingredientes que usan.

Jurgers tiene un ambiente relajado en donde, además de buena comida, se puede disfrutar de cervezas y una amplia lista de cocteles clásicos y de autor (2x1 durante el happy hour, de lunes a viernes, entre 16:00 y 19:00). Abren todos los días a partir de la una de la tarde. No dejen de ir.