Al menos siete proyectos considerados entre los más importantes, y que tienen relación entre sí, constan en el nuevo plan ambiental proyectado para Guayaquil hasta el 2023 y con repercusión incluso hasta el 2050, según funcionarios del municipio local.

El desarrollo de una estrategia ambiental para el cambio climático —que marcará el rumbo para ejecutar programas y proyectos que permitan reducir las emisiones de carbono y la huella hídrica—, que incluye también la elaboración de un inventario de los gases de efecto invernadero que se generan en Guayaquil, es uno de los ejes trazados a cumplir a corto plazo, cuenta María Fernanda Rumbea, directora de Ambiente del Municipio. Ella tiene pocas semanas en el cargo, tras asumirlo luego de que Bianca Dáger, quien ocupaba esa función, pasara al Viceministerio de Ambiente.

Con esto se busca dar un giro a la política ambiental para Guayaquil. Y se empezó con el cambio del nombre de la dirección: desde el 7 de julio último se llama Dirección de Ambiente, Sostenibilidad y Cambio Climático.

Otra propuesta es la contratación del denominado “Plan de recuperación progresiva de las riberas del estero Salado”, para, en un primer momento, cinco tramos considerados conflictivos por el cabildo, como Urdesa, Miraflores, Puerto Azul, Guasmo y Urbanor junto con la Alborada (en el área en el que colindan ambas).

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Un tercer proyecto es la implementación de corredores biológicos para proteger a la fauna, que es posible por los espacios de protección ambiental que están en el sistema nacional de áreas protegidas y que se encuentran en Guayaquil, como el bosque protector Bosqueira, cerro Paraíso, cerro Blanco y cerro Papagayo. Adicionalmente a mantener el patrimonio natural, se espera promocionar servicios ambientales y turísticos de bajo impacto y que sirvan también como espacios de recreación o visita al aire libre para la comunidad.

Cuatro, la protección de bosques urbanos. Cinco, la implementación de franjas e infraestructuras verdes en zonas de los esteros, como Mogollón, Puerto Lisa, Las Ranas y otros, en el suroeste.

Seis, la puesta en marcha del reciclaje en los domicilios, como estipula la ordenanza municipal aprobada en mayo pasado. Y siete, trabajar en sensibilización, educación y cultura ambiental en la población.

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Esto sin contar con otros proyectos y controles, como el tema de las canteras en la vía a la costa, donde la mayoría aún no cuenta con el permiso municipal de uso de suelo para su explotación en esa zona y operan solo con permiso ministerial para funcionamiento o incluso de manera ilegal. Sobre esto último, Rumbea afirma que se empezará a sancionar a las canteras que incumplan, porque ya se las ha invitado a regularizarse y aún no envían sus documentos.

Solo dos canteras estaban ya regularizándose con el cabildo local.

Cambio climático afectará a Guayaquil

Uno de los temas más importantes para el cabildo, sostiene Rumbea, es la estrategia que se deberá implementar para hacer frente al cambio climático y que esperan ponerla en marcha en dos meses. El proyecto macro está estimado para desarrollarse en un año.

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Este instrumento (estrategia ambiental frente al cambio climático) permite medir año a año las emisiones de carbono, calculando así la huella de carbono y la huella hídrica. La huella de carbono se refiere a las mediciones que genera cualquier tipo de actividad”, explica la directora municipal de Ambiente. Con esto se pueden plantear programas para reducir estas emisiones.

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Esperan hacer este plan estratégico en conjunto con la Espol, universidad con la que ya han tenido reuniones o mesas de trabajo.

Se realizará un inventario de gases de efecto invernadero que se generan en la ciudad de Guayaquil. Así se va a definir la estrategia de las acciones para mitigar y adaptarse al cambio climático. A partir de la estratégica cantonal de cambio climático se abren líneas de acciones para contrarrestar, y esto nos va a permitir mantener una mejor adaptación ante los efectos del cambio climático que ya son inminentes a nivel mundial”, asegura.

A nivel internacional y nacional ya se han dado las alertas sobre lo vulnerable que es Guayaquil ante los efectos del cambio climático.

Parte de los tramos de vías que resultaron anegados el lunes 8 de marzo del 2021 tras una lluvia en Guayaquil. Foto: José Beltrán

Guayaquil es la cuarta ciudad costera que tiene más vulnerabilidad al cambio climático en el mundo, esto en proporción a su población y a su ubicación geográfica. Los principales efectos que la hacen vulnerable son las islas de calor y las inundaciones que vive Guayaquil. Para esto estamos buscando soluciones basadas en la naturaleza, que son más rápidas y más económicas de implementar, y generan, adicionalmente, mayor bienestar en la ciudad”, reconoce Rumbea.

Rescatar riberas del Salado

Urdesa, Miraflores, Puerto Azul, Guasmo y en conjunto Urbanor y Alborada (porque en medio de estas dos ciudadelas hay una zanja que genera malos olores y otros problemas ambientales) figuran, de manera probable, como las zonas de mayor intervención en el rescate de las riberas del Salado. En esos sectores también hay camineras a los lados que se pueden aprovechar, además de mejorar la calidad del agua del Salado y sus alrededores. Se ha pensado incluso en poner luminarias en sus alrededores y, sobre todo, en sembrar más árboles para mejorar el ecosistema, detalla la funcionaria.

“Actualmente estamos realizando la contratación del plan de recuperación progresiva del estero Salado, el cual adicionalmente va a contener dos diseños definitivos para dos intervenciones en la ciudad de Guayaquil. Esta contratación va a contemplar aproximadamente cinco tramos del estero Salado y, dependiendo del resultado de la investigación, se va a determinar cuáles son los lugares que deben ser intervenidos”, explica Rumbea.

Cartones y otros desperdicios que la población bota al pie de los ramales del Salado, como debajo de este puente de la ciudadela Urdesa, norte de Guayaquil.

En dos meses esperan tener contratado el primer estudio, ya que tienen listos los términos de referencia.

Quien gane o lo realice tendrá 150 días para entregar el estudio definitivo. Luego de esto comenzará la fase de implementación y ejecución, agrega.

“Uno de los problemas del estero Salado es que actualmente se están haciendo rellenos para asentamientos irregulares y esta es una de las mayores amenazas ecológicas que tiene Guayaquil, afecta el caudal del estero y, por ende, su biodiversidad; genera basura, genera descargas domésticas que ponen en riesgo la seguridad de las personas inclusive”, menciona sobre la situación general de este cuerpo de agua. Y por ello, asegura, trabajan en conjunto con la Secretaría Técnica de Prevención de Asentamientos Humanos y con otras direcciones municipales, como Riesgos, para ejecutar medidas que impidan aquellas situaciones.

En los esteros del suroeste

Con la llamada “infraestructura verde” se trabajará en las zonas de esteros, como Las Ranas, Mogollón, Puerto Lisa y otros.

“Aquí hay un problema: por ser lugares donde termina el estero existe mucha sedimentación, y esas zonas han sido (antes) de asentamientos irregulares que al día de hoy se han regularizado, pero aquello no quita que fueron habitadas de una manera no planificada y hay mucha sedimentación. Ahí primero hay que trabajar en mecanismos para disminuir esta sedimentación... y de ahí podemos poner la franja verde”, cuenta.

La basura que arroja la población en el estero Mogollón es una constante en zonas del suroeste de Guayaquil.

Y agrega que han tenido reuniones con personal de la Empresa Municipal de Agua Potable y Alcantarillado de Guayaquil (Emapag) porque en estas zonas “hay muchas descargas domésticas” y también con funcionarios de Interagua.

Estamos trabajando con Emapag y con Interagua para que (la población) se conecten a la red de alcantarillado, ese es un primer frente. Otro frente es la limpieza del estero, que como termina ahí, por la marea, existe mucha basura en las riberas (pese a que Visolit limpia a diario, aquello no es suficiente)... Hemos evidenciado en los recorridos que la gente lanza la basura o su funda de basura al estero (en lugar de sacarla para que se la lleve el recolector que sí pasa)… Existe mucho desconocimiento, falta de cultura en temas de control ambiental, de buena disposición de los desechos, y es también en lo que tenemos que trabajar”, expone Rumbea.

Reciclaje en domicilios, obligatorio desde noviembre

Con urbanizaciones ubicadas en la vía a la costa, el cabildo espera arrancar con el reciclaje en los hogares que entrará a regir a partir de noviembre próximo, tras la aprobación, en mayo pasado, de una ordenanza referente al tema.

El Municipio de Guayaquil hará de articulador entre la sociedad civil y las empresas privadas, para que estas últimas apoyen la iniciativa e incluso puedan recoger el material reciclado que se separa, cuenta la funcionaria del cabildo.

¿Y por qué empiezan con la vía a la costa?

Porque en urbanizaciones de esa área del oeste de Guayaquil hay una infraestructura montada y una cultura de separación de la basura (por ejemplo, vidrio, plásticos, cartones, lo perecible, entre otros), indica Rumbea y pone de ejemplo a la urbanización Bosques de la Costa, donde las viviendas tienen espacios para tachos de separación de residuos directamente desde la fuente (los hogares).

Con ordenanza aprobada se buscará que el reciclaje sea desde los hogares. Ya existe normativa en Guayaquil que obliga a negocios a tener un tacho de basura en los exteriores de sus negocios.

Ella menciona que están en conversaciones con representantes de más de diez urbanizaciones para arrancar con la fase inicial en esa zona y replicarla después en otros sectores de la ciudad. Y también buscarán tener citas con representantes de las empresas que más residuos reciclables.

Adicional, trabajarán en campañas de sensibilización y educativas para la población guayaquileña en general que aún desconoce cómo reciclar, cómo hacer la separación de sus residuos en los hogares, y que tampoco pone en práctica la correcta disposición de la basura.

Canteras serán sancionadas por no regularizarse con el Municipio

Solo dos canteras de las que operan en la vía a la costa están en proceso de regularización con el cabildo porteño, que incluye la presentación del plan de manejo ambiental y la obtención de la licencia ambiental. El resto aún no lo hace pese a que les han pedido aquello, asegura Rumbea. Por eso, el cabildo tomará medidas con la Comisaría de Ambiente para las sanciones pertinentes.

“Las canteras que funcionan el día de hoy es porque el Ministerio de Energía y Minas les ha otorgado la concesión. Sin embargo, les ha otorgado concesión en lugares donde no cuentan con el uso de suelo para su explotación. Estamos primero tratando de regularizar el uso del suelo. Y hay una realidad: el material que se obtiene de esta zona es un material que se lo encuentra exclusivamente ahí, como es la piedra caliza. Tenemos que buscar un punto medio, donde se permita la explotación de un material que si no lo obtenemos de ahí evidentemente va a encarecer el producto, el sector de la construcción, el transporte, pero que cumplan con la normativa ambiental”, explica la funcionaria.

Corredores biológicos

Uno de los planes que tiene la dirección municipal de Ambiente es construir un diseño que permita conectar al bosque protector Bosqueira con los cerros Papagayo y Blanco, para que la fauna se traslade o se desplace sin problemas por estos sitios, ya que las construcciones o asentamientos humanos repercuten directamente en la fauna que tiende a quedarse sin alimentos o aislados.

Con la creación de estos corredores biológicos se pretende mantener el patrimonio natural que también es visto como una oportunidad de bienestar, de servicios ambientales, de servicios turísticos de bajo impacto, adicional a la protección de la biodiversidad, señala Rumbea. (I)