El sector exportador reaccionó de forma positiva a la decisión del Gobierno de disponer la presencia de militares en el puerto de Guayaquil con el fin de frenar la contaminación de los cargamentos con droga, una de las medidas adoptadas dentro del estado de excepción que fue decretado por el presidente Guillermo Lasso el 18 de octubre y que rige hasta el 18 de este mes. Pero también hay expectativa sobre qué mecanismos adicionales se usarían para la revisión de las mercancías.

Para Richard Salazar, director de la Asociación de Comercialización y Exportación de Banano (Acorbanec), la medida anunciada por el gobernador del Guayas, Pablo Arosemena, “sin duda ayudará a controlar la contaminación de la carga de la cual el sector exportador ha venido siendo víctima”.

En una entrevista con este medio, Arosemena dijo que si bien el narcotráfico es un problema nacional, sus consecuencias (una ola de muertes violentas en calles y cárceles) se sienten más en Guayaquil por ser una ciudad portuaria. “De aquí sale la mayor cantidad de droga al exterior”, dijo.

Los puertos han sido precisamente puntos infiltrados por el narcotráfico, que ha perdido 147 toneladas de droga que se han incautado hasta ahora a nivel nacional.

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Solo en la última semana se han incautado 5 toneladas más, con lo cual la cifra ya rebasa las 150 toneladas. El 29 de octubre, cuando empezaba el último feriado, la Policía encontró alrededor de 1,5 toneladas de droga en un galpón situado en la autopista Narcisa de Jesús, en el norte de Guayaquil.

En el sitio, uniformados hallaron a 20 personas que estaban -en delito flagrante- ingresando sacos de droga a un contenedor que transportaba banano.

“Hubo una violación de sellos, una clonación de estos sellos, con la finalidad de que luego que sea contaminado el contenedor se pongan esos sellos y no exista novedad a su embarque en el puerto”, refirió Marco Erazo, de la Policía Nacional.

La Policía venía investigando los movimientos inusuales que se daban en las bodegas del sector de Vergeles, donde se halló el alijo que tenía destino Nueva Zelanda, pues cerca de ahí hace dos meses se realizó el mayor decomiso de droga del país. En septiembre se descubrieron más de 9,5 toneladas de cocaína.

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Más temprano, ese mismo día, se incautaron 1,1 toneladas de droga camufladas en otro cargamento de banano en Naranjal, Guayas. Y cuatro días más tarde la Policía hizo otro hallazgo, esta vez en una finca de El Carmen, Manabí, donde habían encaletado bajo tierra 2,5 toneladas de cocaína.

Según el portal internacional de criminología Insight Crime, Ecuador es un apetecido punto de salida de cocaína gracias a factores como su ubicación, en medio de países productores de cocaína -Colombia y Perú-, su extenso litoral sobre el Pacífico y por su gran industria de carga marítima.

Y de acuerdo con un informe de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos, desde Guayaquil sale el 80 % de la cocaína que llega a ese país y a Europa en cargueros con frutas, como el banano, y materias primas.

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Por eso Salazar dice que los bananeros están de acuerdo en que se implementen más seguridades, como la instalación de nuevos escáneres, pero no con métodos intrusivos porque estos afectarían la calidad de la fruta.

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Lo mismo opinan desde el sector maderero. “La militarización del puerto de Guayaquil es acertada, pero es importante continuar con la implementación de mecanismos técnicos y tecnológicos que permitan la detección de sustancias prohibidas en los contenedores con más eficacia y sin comprometer el producto”, dice Christian Riofrío, director de la Asociación Ecuatoriana de Industriales de la Madera (AIMA).

Los productos que exporta su sector van desde madera (como materia prima) hasta muebles de alto valor agregado, pasando por productos intermedios, como bloques encolados y paneles de balsa, tableros de partículas, contrachapados y MDF, hasta productos poco usuales, como palitos y cucharitas para helados.

No solo se pierde dinero, también reputación

Para este empresario maderero, la contaminación de las cargas afecta además la reputación de las empresas exportadoras y del país en general, cuya imagen se ve menoscabada en el mercado internacional. “Desde el sector exportador hemos pedido a las autoridades que se ejerza más control, precisamente para evitar esta afectación”.

Pero hay que tener cuidado, advierte Riofrío, respecto a cómo se ejerce ese control. “Sería muy peligroso que, en el ansiado propósito de controlar el tráfico de drogas, volvamos a las inspecciones intrusivas-destructivas que causaban muchos problemas a los exportadores de nuestro sector, especialmente a los productos de valor agregado medio y alto, pues la destrucción del producto, con el propósito de descartar que esté contaminado con drogas, causó en el pasado muchos problemas y altos costos”.

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La Policía presentó el pasado 6 de septiembre el decomiso de un cargamento de droga camuflado en un contenedor de banano en el Puerto Marítimo. Foto: José Beltrán. Foto: José Beltrán

Según Arosemena, la influencia de la actividad portuaria de Guayaquil en actividades relacionadas con el narcotráfico se evidencia en el mapa de la ciudad. “Cuando ves el mapa del delito en Guayaquil y cada punto rojo marcado allí significa una muerte violenta, a medida que vas al sur se va poniendo más rojo ese mapa. ¿Qué está pasando allí? Allí está el puerto, por allí sale la droga, por eso hacemos la relación nexo-causal. El efecto es la inseguridad, la zozobra, el crimen; la causa es el narcotráfico”.

Para el gobernador, “hay todavía muchas cosas por hacer”, medidas que deben perdurar en el tiempo, más allá de la vigencia del actual estado de excepción, como “el fortalecimiento de la estructura de seguridad del puerto de Guayaquil y el control de la vía marítima”.

Zozobra en el sur

Que el sur de Guayaquil es el sector más conflictivo de la ciudad no es una percepción, además del mapa del delito que señala Arosemena, los hechos lo han demostrado en este año.

Barrios de los Guasmos, Los Esteros, isla Trinitaria y del aledaño cantón Durán son señalados como puntos críticos por parte de la Policía, porque allí se levantaron olas de sicariatos tras dos grandes sucesos ocurridos este año: el amotinamiento y muerte de 79 reos el pasado 23 de febrero y la captura de casi diez toneladas de cocaína, el 13 de agosto.

Por eso, luego de la última masacre en la Penitenciaría del Litoral, donde 119 reos fueron asesinados, los moradores del sur temen ser víctimas colaterales de las retaliaciones de las bandas que confrontan por el narcotráfico.

Henry Tapia, coronel de la Policía, declaró a EL UNIVERSO que las bandas eran las responsables de la ola de asesinatos, ocurridos en su totalidad en el sur de Guayaquil, muertes cometidas con pistolas, fusiles y subametralladoras que trafican las organizaciones narcodelictivas que han puesto a Ecuador en la ruta internacional del tráfico de armas.

Las matanzas se iniciaron en el sur horas después del último gran hallazgo de 9,6 toneladas de cocaína en Los Vergeles (norte). La Policía informó que una de las víctimas, acribillada en el Guasmo, era familiar de un exlíder de una de las bandas que controlan la salida de droga en la zona denominada Cuarentena, donde contaminan los buques que salen del puerto.

El decomiso de ese gran cargamento de drogas, que tenía como destino México y Estados Unidos, fue el segundo alijo récord para la Policía en menos de dos meses. A finales de junio se incautaron más de siete toneladas de cocaína en el puerto de Guayaquil, en un cargamento con destino a España.

Cuatro días antes del decomiso, sicarios en motocicletas habían abatido en el sur de la ciudad a un trabajador del puerto que acababa de renunciar a su empleo. La Policía descubrió $ 26.000 en la camioneta del hombre. (I)