Evelyn Pacheco Silva | Gestora cultural

“En suma: dolor, dolor, dolor”, escribe la colombiana Piedad Bonnett en su libro Lo que no tiene nombre, una novela que permite plantearnos: ¿Cómo poner el dolor en palabras? ¿Cómo narrar aquello que desgarra la psiquis y la carne? O quizás la pregunta es: ¿Se puede, acaso, poner el dolor en palabras? La lectura de este libro nos responde a estas interrogantes mediante un relato desolador acerca del suicidio del hijo de la autora, debido a su esquizofrenia.

En pocas páginas, Bonnett logra que el lector reciba una y otra vez golpes emocionales con palabras y frases que son, también, golpes de sublimidad literaria. Textualizar el dolor desgarrante no ha sido una tarea fácil a lo largo de las publicaciones literarias. Ese dolor penetrante que se inserta como dagas flameantes, el dolor que batalla contra la respiración, el dolor que obliga a recurrir a la muerte.

Sin embargo, a pesar de sentirnos abatidos con cada página, Bonnett elabora un mapa ágil sobre los eventos que llevaron a su hijo a suicidarse. La agilidad de las oraciones es sorprendente, pero a la vez nos empuja a alzar la mirada y tomar un descanso de tanto en tanto. Episodios de terror, violencia y desolación son acompañados de destellos de belleza y armonía como un triste piano que envuelve en cada acorde. Lo que no tiene nombre: una novela que, una vez tocada, no te abandona. (O)