Ikura Suhi está ubicado en el segundo piso del centro comercial Buena Vista, en el km 1 de la avenida Samborondón. Su carta es una mezcla de cocina nikkei, japonesa y asiática. En una buena parte de su carta logran mejores estándares que el promedio de restaurantes de este tipo. En otras, están en el promedio.

Encontré que los nigiris son de buena calidad, aunque no baratos. Cada pieza está cercana a los $ 4, similar a los combos de nigiri regulares, no especiales, de Sushi of Gary New York. Los temakis igual, con un costo aproximado al de los mejores restaurantes japoneses de Nueva York, como Gary o Nobu.

El del atún es de los mejores que he probado en la ciudad. De buena calidad, fresco, del color natural del atún, un rojo violáceo pálido. El lector debe desconfiar cuando vea un atún rojo sangre intenso, puesto que ha sido manipulado químicamente con nitratos, nitritos o extractos vegetales. Esta pieza de nigiri era muy buena, algo grasa, de marmoleado leve, suave y palatable. Los nigiris de pesca blanca igual. Hechos con materia prima de primera calidad, demostrando respeto por el producto.

No soy un fanático de los rollos, aunque los disfruto. Mi mesa pidió un rollo tentación, con láminas de maduro con queso y salsa dulce. A mí particularmente no me gustó la combinación de ingredientes, pero a los comensales con los que compartí el almuerzo t les encantó. Los rollos se han convertido en un vehículo para llevar a la mesa nuevas ideas y fusiones. Buddakan, por ejemplo, está haciendo rollos de seco de chivo y de guatita, con buenos comentarios. Así que hay que llegar a este tipo de platos con una aproximación y mente más abierta.

Tartar de salmón, especialidad de Ikura Sushi. Foto: cortesía.

El ambiente del restaurante hace olvidar lo frío de un centro comercial. Han hecho un buen trabajo en su decoración, con muchos elementos de madera clara, biombos y una barra de sushi expuesta.

El tartar de salmón, según se lee en la carta, con un huevo de codorniz, cebolla colorada y aceite de sésamo, cual isla flotante, sobre una salsa a base de soya. Bueno, pero le faltó el punch del aceite de sésamo, y el sustrato para amalgamarlo, a modo de un tartar. La presentación excelente. La corona de sésamo crocante le aporta textura.

Como ya comentamos, en la carta hay algunos platos de cocina asiática fusión. Hay pokés, cebiches, tiraditos, entre otros.

Pedimos pad thai, un plato emblemático de la cocina tailandesa, hecho de fideos anchos de arroz al wok, con salsa de tamarindo, limón y maní, con pollo, lomo o camarón como proteína. Por lo general tiene maní picado y brotes de soya. Aunque era de buen sabor, nos quedó debiendo por no encontrarlo cercano a un pad thai como se lo come en Tailandia u otros sitios que siguen la tradición original. La salsa de tamarindo no era exacta.

En Guayaquil falta un buen restaurante de cocina japonesa. No nikkei. De esos hay muchos. Pero de cocina japonesa verdadera, no tenemos.