La Veredita es otro de los sitios apostados en la calla Panamá. Sumamente pequeño y con número de mesas limitado dentro, nos sentamos en el área exterior. Pero de eso justamente se trata la calle Panamá o cualquier distrito gastronómico del mundo de ese tipo, el poder disfrutar del ambiente urbano, de amalgamarse con el ir y venir de la ciudad, lo cual ocurre en el área exterior. Guayaquil tiene una gran ventaja para lograr esto: sus soportales. Es una de las características constructivas de nuestra ciudad, presentes en casi todo el centro. Los soportales, que se popularizaron en Europa en la Edad Media como medio de protección contra la lluvia y el frío, en Guayaquil son perfectos para no solo protegernos de la lluvia, sino también para atenuar el calor y el sol.

La Veredita ofrece un menú mezcla de peruano y ecuatoriano típico. Los precios nos parecieron un tanto altos para el tipo de gastronomía ofrecida y para el entorno. Por ejemplo, Los cebiches están en $ 13, los risottos en $ 16 y un tigrillo en $ 9.

El servicio, esmerado en gentileza, puede mejorar si estuviera más entrenado en la construcción de la carta o en su preparación en cocina.

Probamos un meloso de concha muy bien hecho. Este es un plato que puede tomar varios caminos en su preparación. He notado tres comunes: hay quienes buscan que el centro del plato sea la concha, utilizando mucho de su jugo. Hay otros que en este tipo de platos trabajan con crema de leche, o con queso, siendo la concha un invitado más. Por último, aquellos que utilizan muchas especias, como culantro, ajo, etc.

Meloso de concha de La Veredita.

Este meloso estaba en el primer grupo, como lo prefiero. Delicado, siendo la concha su elemento central, con buena textura, balanceado.

De entremés, un sánduche cubano que a alguien se le ocurrió pedir en la mesa, y que pareció buena idea para la ocasión. Buen pan, pero estuvo un tanto pobre, muy lejos de como se construye este sánduche, láminas de cerdo o jamón, queso, salami y encurtidos en algunas ocasiones, lasca sobre lasca.

Finalmente, un spaguetti de cangrejo en salsa huancaína. Como en todos los platos, vino con una porción muy generosa. El cangrejo es un producto perfecto para este tipo de plato, pues se fusiona muy bien con la grasa de la crema de leche. Siendo contrario al uso indiscriminado de este producto, como usualmente pasa, aquí fue muy bien como base para la huancaína, mezclándose con el cangrejo. Pasamos un muy buen momento en el centro de la ciudad. Un motivo más para visitarlo.