He tenido la oportunidad de visitar Clara en dos ocasiones, y en ambas experiencias el restaurante me sorprendió gratamente. Durante el día, el ambiente es luminoso y acogedor, con una energía que invita al disfrute de una comida pausada.
La iluminación natural, el paisajismo, la cocina abierta, el servicio, el conjunto de todo es relajante. De noche es otro restaurante: su atmósfera cambia el lugar, que se convierte en un espacio íntimo y misterioso, iluminado por la luz de las velas, el sitio que escogería para contar una historia a media voz.
Ambas experiencias, igualmente cautivadoras, reflejan la versatilidad de un lugar pensado desde lo cotidiano.
Este restaurante, ubicado en el barrio La Floresta, en Quito, acaba de recibir uno de los reconocimientos más importantes de la escena gastronómica latinoamericana: el One to Watch* de la lista Latin America’s 50 Best Restaurants. Esta designación celebra la cocina excepcional del restaurante y el constante ejercicio creativo de Felipe Salas, Ana Lobato y Ángel de Sousa, quienes exploran los sabores ecuatorianos desde una perspectiva fresca y global.
Clara está en la mira por su exquisita sencillez y por el equilibrio entre tradición e innovación. El menú de este bistró es conciso y la mayoría de los platos van a apelar a la nostalgia por lo popular.
Yo podría ir a Clara y pedir siempre, siempre, la ensalada de tomates de Baeza, con chochos, cebolla encurtida y tirillas de orejas de cerdo con una salsa de tomate de árbol, que son un claro guiño al cevichocho; otro plato sencillo, pero delicioso es el omelette encocado, que llega a la mesa con patacones y es preparado con huevos de campo y langostinos a la parrilla. El omelette se sirve como base de la bisque con crema de coco que nos traslada a Esmeraldas.
Finalizaría con el laminado Jipijapa, cuya base es la albacora ahumada con una leche de tigre de maní manabita y aguacate. Nombro tres platos y aun así podemos encontrar las cadenas de valor de Costa, Sierra y Amazonía que nos presenta el menú.
La historia de Clara es también la historia de tres personas apasionadas por el tema de la innovación gastronómica. Con tres recorridos diferentes, Felipe Salas, chef ejecutivo de Clara, contacta a Ana y a Ángel, quienes trabajaban en la Fundación Alicia, en Manresa, España, en busca de un cocinero con fuertes bases de investigación.
Los tres se encontraron en San Vicente, Manabí, en el laboratorio Iche y, a partir de ese momento, entre comida y comida, y viajes por el territorio ecuatoriano, empezaron a idear una carta, en la cual la base son los sabores locales y los productos ecuatorianos, en la que intervienen unos pocos productos extranjeros, complementos como aceites y salsas, que no se producen de manera local.
Clara es un ejemplo de cómo la gastronomía ecuatoriana puede trascender homenajeando a sus raíces, y el reconocimiento One to Watch es solo el comienzo de lo que promete ser una trayectoria brillante. Me emociona que, además, este reconocimiento pone en el radar a la gastronomía de Ecuador que este año ha tomado impulso y se ha llenado de logros importantes a nivel internacional.
Encabezando esta lista están las fuerzas culinarias que han logrado juntar los cocineros y gestores gastronómicos de Manabí y Cuenca, cuya gastronomía celebra lo mejor de Ecuador y nos recuerda que la cocina, además de alimentar puede generar un sentido de identidad y de orgullo.











