Este laboratorio-taller de edición y creación que lleva el nombre de Hipopótamo nació hace 16 años. Lleva el nombre de una criatura a la que le da igual vivir en la tierra o el agua y que es al mismo tiempo peligrosa y vulnerable.
La Escuela de Literatura de la Universidad de Las Artes abriga este espacio de innovación pedagógica que está ligado a la cátedra de Edición y Publicaciones Periódicas. Quienes asisten pueden conocer cómo funciona una editorial o, más bien, una creadora de editoriales; pueden observar lo que se produce en las clases de la escuela y ver el trabajo en las máquinas de edición. Y pueden participar en la construcción de un fanzine, que es una mezcla de fan y magazine, en suma, una revista hecha por aficionados.
El Hipopótamo ha ido creciendo, más o menos como los machos de la especie, que crecen durante toda su vida. En 2016, la docente María Paulina Briones dictó la primera materia de Edición de la malla y creó el laboratorio para apoyar su trabajo con los estudiantes. Junto con María Mercedes Salgado diseñó el sello editorial y lo pusieron a producir. “Hoy es un laboratorio equipado. Tenemos máquinas (hace diez años no, pero igual hacíamos libros)”. No creen que esté completo. “Como proyecto pedagógico, seguirá mutando”.
Hasta ahora había sido solo para alumnos de la Escuela de Literatura, pero va a abrirse a la comunidad universitaria. “Así es como debería funcionar”, opina Briones, “ampliar las posibilidades a través de convocatorias variadas”.
Un semillero de editoriales independientes
El lugar de encuentro es el aula 205 del pabellón Pablo Palacio. “Allí navega nuestro Hipopótamo”. Las profesoras del itinerario de Edición y de los talleres de escritura son Briones, Salgado, Solange Rodríguez, Siomara España, Camila Corral, Cecilia Velasco y Maritza Cino. Varias editoriales independientes han salido de estos esfuerzos.
Su primer producto fue la editorial universitaria Eoántropo Cartonera, impulsada por Ronaldo Peñaherrera, Analy de la Vera, Anaissa Moreira, Idania Yela y Rubén Darío Macías, que apostaron por la autogestión, el trabajo artesanal y la circulación alternativa del libro. Su primera publicación fue el poemario Cino.
Otra es Sello Amarillo (@selloamarillo.editorial), de Ana María Crespo, Jennifer Zambrano y David Kattan. Su debut, en 2025, fue la colección de historias gráficas Cachivaches, con los títulos El sendero (Alisa Pincay), Los poetas se la comen completa (Damián Matailo) y Erizos (Tepuyica y Emilio Cordero).
También está Entrópica Editorial (@editorial_entropica), que en 2024 se inauguró con Guayaquil de mis quereres, de Dayanna García, Mica Ron y Gabriel Delgado, ilustrado por Antonia Aguirre. Es una recopilación de relatos cortos que narran “los amores que afloran en un mismo territorio: Guayaquil (...) una ciudad acechada por la violencia”.
Los acompañan editorial La Ruta, de María Fernanda Fajardo y Robinson Espinosa, y Aleteo de Libélula, de Eleinn Rivera y Douglas Macharet. “Varios exestudiantes trabajan ya en edición”, señala Briones. “Este tema es importante porque queremos conectar el mundo académico con la comunidad. Y nuestro proyecto a futuro es pensar en procesos comunitarios de trabajo editorial”. (F)













