Su esencia es la misma: sabores muy criollos en combinaciones gourmet que no habían tenido guion en la gastronomía local. Pero sí han cambiado el gramaje y el tamaño, para satisfacer los paladares cada vez más golosos. Con este concepto, La Pizarra refresca su menú luego de cinco años de existencia, separándose de su eslogan ‘Tapas y chatos’, para convertirse en un referente de la cocina contemporánea ecuatoriana.