Si los grupos delincuenciales organizados, el narcotráfico, la minería ilegal, la narcopolítica son transnacionales y se interconectan a nivel regional y mundial, con mucho dinero de por medio, en el Ecuador será imposible enfrentarlos con éxito sin apoyo internacional y la unidad nacional, porque la lucha resulta desigual por los ingentes recursos que mueve la economía criminal.
Hay que tomar conciencia y dimensionar el problema, porque la subsistencia de la patria y la vida de los ciudadanos están en peligro por las acciones de las bandas, aliadas a la narcopolítica, que se han tomado territorios en medio de la debilidad institucional y la corrupción que pone precio para lograr sus objetivos.
Las FF. AA. (de manera especial el Ejército) hacen sus esfuerzos, cumplen sus tareas profesionales y han logrado resultados operacionales muy importantes y significativos en sus tareas complementarias, aunque han pasado a primera línea, lo que le corresponde a la Policía en materia de seguridad interna. Esto implica un desgaste normal que debe ser bien procesado. Se requiere una rigurosa depuración de las fuerzas del orden y cero tolerancia, de manera especial por la filtración de información.
En este contexto, la cooperación internacional es vital como vienen dando varios países (a la cabeza EE. UU. e Italia, entre otros), que con su presencia permiten dar golpes contundentes a estos grupos y que han dejado resultados inéditos, toneladas de drogas decomisadas, millones de dólares encontrados en efectivo, armas de grueso calibre y otras cosas más.
Preocupa que existan potenciadores como pobreza, inequidad, deserción escolar, lo que obliga a luchar por la atención prioritaria, el cumplimiento y presencia del Estado con obras sociales oportunas y el impulso a lograr una necesaria cohesión nacional.
Aquí existe una disyuntiva: o se está a favor de los grupos delincuenciales, con acciones, omisiones o permisividad; o en defensa de la sobrevivencia de las familias ecuatorianas, que viven atemorizadas y exigen paz.
Este problema no se va a solucionar solo con intervención militar, que es importante pero no única. Esto ha ocurrido por largo tiempo en Colombia y México. Se necesita acompañamiento de todos los sectores, público y privado, instituciones cuyas finalidades son de atención social, la administración de justicia, la Fiscalía, la Corte Constitucional, que deben actuar oportunamente y entender el problema en su real dimensión, sin ayudar con dictámenes a delincuentes con antecedentes penales o aupar la impunidad en sentencias.
Se necesitan ingentes recursos económicos, humanos, materiales, como precisamente EE. UU. dieran en su momento a Colombia, y aquí resulta insuficiente y se requiere mucho más, porque el costo de una guerra con enemigos no identificados resulta muy alta, más allá de costos de vidas.
Parte de esta lucha ha sido el inicio de las operaciones conjuntas entre el Ecuador y los EE. UU. contra los grupos criminales, el narcotráfico, la minería ilegal, el control de los puertos, incluso antes de la vigencia del toque de queda anunciado en Guayas, Los Ríos, El Oro, Santo Domingo de los Tsáchilas. Ojalá se prolonguen de manera indeterminada. (O)