En todas partes del mundo hay problemas, desde personales, institucionales y familiares hasta sociales. Existen países que han tenido liderazgos históricos en momentos cruciales, contribuyendo tales liderazgos a su progreso. Otros países no han tenido la misma suerte.
Uno en particular ha vivido una decadencia política muy grande, pero goza de grandes inversiones en varios sectores. La inversión es una necesidad en todo tipo de sociedad y en todo modelo de Estado.
La inversión no tiene ideología, no tiene bandera política, no tiene resentimientos con nadie. No conozco un solo defecto de la inversión, sea nacional o extranjera. Al contrario, es una actividad virtuosa: estimula el trabajo (mano de obra calificada y no calificada), mueve la economía, ofrece alternativas laborales, motiva a la juventud, contribuye a materializar los proyectos de vida, etc.
La inversión en construcción es, dentro del mundo de la economía, la que más virtudes tiene, e incluso beneficia al propio Estado porque los materiales de construcción pagan IVA. El Gobierno ha declarado que este es el año de la construcción. La iniciativa es excelente. Esperamos que se haga realidad. El estímulo a la construcción pasa por especializar el trabajo de la administración pública, no por burocratizarlo.
El Gobierno tiene la oportunidad de mostrar liderazgo, de trabajar bien. El trabajo del día a día de los ministros de Estado es complejo y saturado. El éxito en la administración pública pasa por delegar y saber controlar.
El Ecuador es bendito en mil y un aspectos: en su clima, en la fertilidad de su tierra, en sus lindas playas, en sus fantásticos paisajes en la Sierra, etc. Esos regalos de Dios hay que aprovecharlos. Los Gobiernos y los políticos deben trabajar bien y no inventar trabas al progreso. En la constitución vigente se consagran los sectores estratégicos con un baño impresionante de demagogia. Basta fijarse en el artículo 408, que señala que son propiedad inalienable del Estado, entre otros, los recursos naturales no renovables (típicamente el petróleo), pero el petróleo se comercializa válidamente en el mercado internacional porque, a pesar de la proclamación de inalienabilidad, la Constitución autoriza su aprovechamiento.
En realidad, lo único estratégico es el progreso de la sociedad, la felicidad de los niños, de los jóvenes, de los ancianos. El resto son medios para lograrlo. Hay que trabajar bien, asesorarse bien. Decidir con profundidad y realizar con ejecutividad. Al Ecuador le urge el progreso, estimular la inversión, enriquecer las alternativas laborales. El progreso de la sociedad es un desafío para todos. Exige voluntad, cabeza fría, decisión. Un país que necesita tanto de inversión no puede darse el lujo de tener una ley tan mala de asociaciones público-privadas. Busquemos el progreso, enterremos lo marchito, hagamos florecer lo profundo. No nos resignemos al fracaso. Emulemos lo bueno de otros países y de otras personas. No nos resignemos a la mediocridad y a la derrota. En el fondo, la felicidad es un derecho humano. ¿Está usted de acuerdo? Espero que sí. (O)













