“Cultura es lo que no es naturaleza”, dicen los pensadores estructuralistas. Complementemos este concepto con la idea de Edward Burnett Tylor, quien sostiene que todo lo que hace el ser humano en tanto es humano, es cultura. Ser tigre, el acto de comer o el hígado humano no son cultura, son producto de la naturaleza no hechos por personas. La ciencia zoológica, una sopa, una autopsia, son cultura, solo pueden ser realizados por humanos. Está claro que el sol es una entidad natural y la literatura es un producto cultural, pero en los límites de estos conceptos hay situaciones ambiguas que confunden a muchos. La matemática, ¿es naturaleza como quiso Platón o es un sistema simbólico creado, como sostiene Wittgenstein? Estamos hablando de cultura en su sentido más propio, general y amplio, no de lo que se llama corrientemente “cultura general”, que ahora es solo una curiosidad para concursos televisados.

La ciencia es obviamente un campo de la cultura, pero desde hace décadas las ciencias naturales tienen su espacio propio y en ese mismo rango quieren estar las ciencias sociales y los cientistas sociales trabajan para que las suyas sean consideradas ciencias duras, al nivel de las ciencia físicas que escaparon de la categoría prestigiosa, pero imprecisa de las “humanidades”. Estas, constituidas básicamente por el pensamiento y las artes, son otra aplicación del término cultura. Este campo que algunos llaman “alta cultura” es, quién sabe, el más importante, en el sentido de que importa a mayor número de personas. Los premios científicos interesan, pero lejos están de suscitar la atención masiva y mediática que logran el Óscar cinematográfico y el Nobel de Literatura. Se incluyen en esta categoría, y de pleno derecho, las artes populares, las manifestaciones folclóricas y en general las creaciones de los sectores no dominantes, evitando sesgos hegemónicos, aristocratizantes, occidentalistas de “la cultura”. Este es el objeto que nos interesa y aquí viene la pregunta que quería plantear, ¿qué entidad, organismo o grupo debe ocuparse del mantenimiento, fomento y organización de este sector?

Tras las nuevas disposiciones del Código de Ordenamiento Territorial etcétera, (Cootad), se ha generado la discusión de cuál es la labor “cultural” que realizan y deben realizar los gobiernos seccionales y, por supuesto, el Estado en sí mismo. Todos sabemos por qué somos ecuatorianos, y qué es serlo, esa es una noción necesariamente cultural. La educación es el método que nos permite aprender, el contenido de las respuestas a estas preguntas fundamentales lo formulan actividades culturales. Por tanto, no es esta una cuestión ociosa, sino la más importante que podemos plantearnos como ciudadanos. Si la enfrentamos seriamente y conseguimos responderlas con conceptos claros entonces no aceptaremos las explicaciones como la del socialismo del siglo XXI, que nos quiere hacer creer que un plato de hornado de 15 dólares es más culto que uno de 7. Y también rechazaremos la actitud del trumpismo que parece seguir al jerarca nazi Martin Borman, quien decía “cuando oigo hablar de cultura saco mi pistola”. (O)