Hace apenas una semana escribí, en esta misma columna, un artículo titulado “Desbarajuste mundial”, y ese desbarajuste se complica más, cada día. Luego del bombardeo a Venezuela, la captura del presidente Nicolás Maduro, su traslado a Estados Unidos y el ponerlo a órdenes de un juez de Nueva York –quien no se ha pronunciado, todavía, sobre su jurisdicción–, el presidente Donald Trump se ha concentrado en otro de sus propósitos: el apoderarse de Groenlandia, arrebatándosela a Dinamarca. Esta rehúsa, y espera el respaldo de los otros miembros de la OTAN contra esta agresión de Estados Unidos, también miembro de esta organización; varios países europeos le han manifestado su solidaridad y, en gesto simbólico, han enviado unos pocos soldados. Pero el presidente Trump ha respondido amenazando con la imposición de aranceles a las importaciones de esos países inconformes, que se le oponen, lo que traerá consecuencias. La misma OTAN puede desintegrarse. Francia misma está separándose de la Organización. Ella y varios otros, como Italia y Alemania, dicen que quieren restablecer relaciones con Rusia, la que muestra apertura para hacerlo. Eso podría traer la paz en Ucrania. Esto puede significar una independencia de Europa respecto de las políticas estadounidenses.
El debilitamiento de la OTAN (NATO, por sus siglas en inglés) fortifica a Rusia, indudablemente, pero esta superpotencia más bien quiere infundir confianza a Europa, y a los Estados Unidos le está presentando un ramo de olivo, ofreciéndole cooperación en el Ártico. Europa occidental debe recordar que fue Rusia quien derrotó a Hitler con lo que recuperó su independencia. Con la victoria rusa, las potencias occidentales pudieron desembarcar en Normandía, liberar a Francia y otras naciones, después de varios años de guerra.
Si el señor Trump mantiene su propósito de conquistar Groenlandia, lo hará, porque los otros países de la alianza atlántica no tienen ni la voluntad ni los medios para oponerse. Más bien, en América, es Canadá, miembro de la OTAN, quien mantiene una oposición a las políticas expansionistas de Estados Unidos: su líder, el señor Mark Carney, está celebrando importantes acuerdos comerciales con la China, abriéndole, incluso, facilidades para exportar sus carros eléctricos, de cuya producción es líder mundial. Canadá está firmemente en contradicción con el anunciado propósito del señor Trump de incorporarlo a Estados Unidos.
Parece que el señor Trump ha desistido de atacar a Irán. Su pertinaz socio, el señor Benjamín Netanyahu, de Israel, parece, también, que ha medido todos los riesgos de una operación de esa envergadura. Irán amenaza con que, si es atacado, respondería contra las bases militares de Estados Unidos en Oriente Medio, lo que desestabilizaría a la región. Arabia Saudita ha manifestado que no aceptaría que se use su espacio aéreo para acciones contra Irán; esto a pesar de una antigua rivalidad y su antigua amistad con Estados Unidos. Tanto Rusia como China apoyan a Irán.
En ese mundo tan agitado vivimos; conflictos, como el de Venezuela, afectan, actualmente, a la seguridad de nuestro espacio aéreo. (O)











