La incursión militar de EE. UU. en Caracas para tomar presos al dictador venezolano, Nicolás Maduro, y su esposa y llevarles a la Corte de Nueva York para que respondan ante la justicia por cargos formulados hace cinco años, entre ellos de narcotráfico y tenencia de armas, ha abierto otra vez una discusión sobre el tan manoseado principio de la soberanía.
Los que han salido a defender al dictador no reparan que él ha sido el jefe de las violaciones de DD.HH., de las libertades individuales, la libertad de expresión y opinión, que secuestró, encarceló, torturó y desapareció a centenares de venezolanos en calidad de presos políticos. Humilló a su pueblo y le sumió en la más extrema pobreza y miseria en medio de una profunda crisis económica y social. No reparan que la Corte Internacional de La Haya le tiene procesado por crímenes de lesa humanidad y que se ha burlado de todo y de todos.
Los defensores del dictador no reparan que el primer usurpador de la soberanía popular, expresada claramente en las urnas en las elecciones presidenciales del 28 de julio del 2024, fue Maduro, cuando el amplio ganador, con más de 30 puntos de diferencia, fue Edmundo González Urrutia y María Corina Machado, confirmado por el veedor internacional, reconocido por esa dictadura, el Centro Cárter. Nunca Maduro y su grupo pudieron exhibir ni las actas ni los votos de su supuesto triunfo. Eso fue arrebatar la soberanía y el mandato popular expresado en las urnas.
Maduro está acusado en EE. UU. de cuatro cargos federales: conspiración de narcoterrorismo, conspiración para el envío de cocaína, posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos y conspiración para poseer esos mismos artefactos en apoyo de actividades criminales, así como colaborar con organizaciones criminales calificadas terroristas por Washington.
Tanto hablan de la violación de la soberanía y rechazan la incursión de las tropas de EE. UU., pero no reparan que en Venezuela están instaladas fuerzas militares extranjeras procedentes de Cuba, Rusia, Irán e incluso han exportado grupos terroristas como el tren de Aragua, que causa estragos de violencia y amenaza en en la región.
¿Qué cambia hoy en Venezuela más allá de la aprehensión de Maduro? No es fácil y tomará su tiempo para recuperar la democracia, la institucionalidad, la golpeada economía interna, el respeto a los DD. HH. y las libertades, el fin a la persecución de los opositores y los encarcelados presos políticos. Tienen que cerrar los centros de tortura como el famoso Helicoide en Caracas.
En los planes de la administración Trump está primero la estabilización del país a partir de la recuperación económica y petrolera. Luego la recuperación del acceso de las inversiones al mercado venezolano y en lo político un proceso de reconciliación nacional para reconstruir la sociedad civil y el respeto a los sectores de oposición, sin más persecuciones ni detenciones políticas. Posteriormente la transición y el retorno pleno a la democracia, con instituciones independientes, a la cabeza el consejo electoral. La expectativa será el respeto a los resultados de las elecciones de julio del 2024 y el triunfo de González Urrutia y María Corina Machado y en adelante elecciones libres, con garantías plenas. (O)








