En los días que vivimos se ha profundizado la práctica de los hechos consumados. En tiempos anteriores se decía “más vale pedir perdón, que pedir permiso”, ahora ni se piensa pedir perdón.

Sin duda un país requiere gobernabilidad, lo que debe pasar por el respeto al orden jurídico y a las competencias de las funciones del Estado, de los cuerpos colegiados, de las instituciones de regímenes autónomos y de las diversas autoridades de gestión y de control, que no deben privilegiar trabas asfixiantes, pero tampoco deben ser sumisas, sino que deben sustentar o motivar sus decisiones o pronunciamientos y, además, deben hacerlo oportunamente. Todo esto, que sea posible de transparentar.

Antes los Gobiernos al tener el apoyo de las Fuerzas Armadas y mientras lo mantenían, llegaron a preferir asumir “los plenos poderes” para realzar un siguiente proceso constituyente.

José María Velasco Ibarra fue presidente del Ecuador cinco veces, en la primera, la tercera, la cuarta y la quinta ocasión llegó al poder por elección en las urnas, pero de estos solo concluyó el tercer periodo (que se dio entre 1952 y 1956), porque las Fuerzas Armadas no lo respaldaron en los intentos de imponer una dictadura, “me arrojé sobre las bayonetas” expresó en la primera ocasión (en la Presidencia, entre 1934 y 1935).

Velasco Ibarra tampoco concluyó su segunda presidencia para la que fue designado por la Asamblea Constituyente de 1944, cuya Constitución debía acatar, pero la desconoció el 30 de marzo de 1946, y fue designado nuevamente por la Constituyente de 1946, siendo más adelante, 1947, forzado a renunciar.

En el escenario regional latinoamericano se ha visto de todo y se multiplican los privados de la libertad pospresidencia. Ha habido los que nada respetan, usando la herramienta de privar de la libertad a sus opositores con acusaciones menos o más graves, Alguna vez se dijo “de no tener motivo para encarcelarlos, primero métele drogas”. Ahora hay más sofisticación.

En la historia de la humanidad ha habido los abusivos propensos a humillar a otros, pero también los casos de autoritarios en que ellos y los de sus entornos sufrieron similares o mayores vejámenes, “cuando se viró la tortilla” y quedaron fuera del poder.

Personalmente, soy contrario a la reserva o secreto a perpetuidad, en negocios o en investigaciones.

Comprendo que hay momentos en que temporalmente hay que guardar reserva, pero siempre en los negocios y en las investigaciones debería haber un tiempo en que se evidencie el porqué se tomó una decisión o se emitió una opinión.

No debo omitir la demanda de que haya la investigación que corresponde sobre las naves que salieron de puertos ecuatorianos y han sufrido siniestros o están desaparecidas.

Los pescadores acusan ataques con drones, y que han sido capturados llevados a naves norteamericanas, encapuchados y entregados en El Salvador.

La legitimidad de las conductas se debe evidenciar en la transparencia de los hechos producidos. (O)