Asistimos a una serie de eventos en el mundo occidental que demandan de explicación, especialmente en Estados Unidos, donde, bajo el eslogan de “Make America Great Again”, se ha iniciado una cacería de migrantes haciendo uso de perfilamiento racial, donde los mismos ciudadanos estadounidenses han sido asesinados, retenidos y deportados. Se ha hablado del fin del orden liberal, populismos de derecha y del deterioro de la democracia. Algo común es que hay un recurso discusivo que crea un “nosotros” y un “ellos”.
La etnia es una producción social que genera grupos, de acuerdo con dinámicas internas y también con su relación con los extraños. Existen diversas formas de crear estos grupos, entre ellas de dotarle de características culturales locales: costumbres, valores, comida, música, lenguaje, religión. Actualmente existe una resignificación de lo que es Occidente a partir de la producción de un sentido de grupo étnico basado en características culturales abandonando principios abstractos-universales.
La potencia civilizatoria moderna de Occidente, que se consolidó después de la segunda guerra mundial y la caída del muro de Berlín, se sostenía sobre la democracia liberal y el libre mercado. A estos subyacen la idea de ser creaciones humanas universales que no dependen de rasgos culturales para su funcionamiento y éxito. La formación de la democracia estadounidense en el siglo XVIII creaba un conjunto de instituciones en medio de una sociedad multicultural. Lo que importaban eran las reglas, las instituciones, y el equilibrio de poderes, para el funcionamiento de una sociedad plural. En Estados Unidos siempre han existido fuertes identidades étnicas (rusos, polacos, judíos, alemanes, negros, asiáticos, etc.) todos cobijados bajo los dos principios universales. De ahí que cualquier cultura en le mundo pudiese usar las mismas instituciones y principios para la regulación y uso del poder. Lo mismo sobre el mercado. Thomas Sowell, un economista conservador negro estadounidense, señala que el mercado es una institución abstracta que sobrepasa a las regulaciones raciales, como el apartheid sudafricano, ya que privilegia la maximización del interés en el intercambio entre individuos, es decir no importan las características raciales a la hora de intercambiar bienes y servicios.
Hoy en día, la democracia liberal y el mercado son atacados. Ni la democracia ni el mercado funcionan para los “verdaderos americanos”, por lo tanto hay que subyugarlos y reformarlos para que funcione para un grupo específico. Se reniega su carácter universal y se los subordina a características grupales. Lo que resulta en una reelaboración de la identidad étnica occidental. En su reemplazo se intentan posicionar valores religiosos específicos, dietas alimenticias, rasgos físicos (el color de la piel), el lenguaje. Occidente abandona sus pilares universales abstractos para intentar reinventarse en rasgos tribales. Esto desconoce la misma historia occidental que desde un inicio se fundó en múltiples relaciones interculturales con diversos pueblos del mundo. Al parecer, la ultraderecha occidental ha hecho suyos los presupuestos de la política identitaria posmoderna. (O)