Comienza a verse la luz al final del túnel en torno a una rutina tecnológica que ha subido como la espuma y ha acaparado la atención y la confianza, eso tan socialmente esquivo, millones de sus adeptos en tiempo récord: la Inteligencia Artificial (IA).
Sí, aquella panacea que te ofrecen ahora hasta en las farmacias, pese a que no hay versión inyectable (por ahora). Que muchos de quienes hacen marketing, ventas e información ven con absoluta devoción puesto que ha llegado como un anexo de la memoria de muchos, en momentos de hegemonía tecnológica informativa. La alfabetización mediática, en ese contexto, alcanza más valía que nunca.
Al delegar en ella, la IA, parte de nuestras tareas de pensar y de discernir, que deberían ser resguardadas por cada uno de nosotros con celo y decisión, se ha logrado poner en duda, paradójicamente, el uso de la duda humana misma, llamada ahora a ser el único gran filtro que nos guiará a determinar qué es verdad y qué no lo es. Cuándo un dato es riguroso y cuándo no lo es.
Y como dije al inicio, surge una luz, afortunadamente. Un estudio recientemente realizado por la BBC y la Unión Europea de Radiodifusión ha revelado que un 45 % de las respuestas de los asistentes de IA (una de cada dos) contienen errores significativos al responder sobre noticias. Esto con base en la evaluación que se hizo de 22 medios públicos en 18 países.
Es, entonces, para la información y su industria, el equivalente a tener dos reporteros de similar rango, uno responsable y el otro no. Uno criterioso y el otro ocioso, que no verifica ni confronta como lo exige la práctica periodística desde que se profesionalizó en el mundo.
Y hay más datos. El 31 % de los datos informativos que propone (uno de cada tres) adolece de la falta de claridad al momento de citar fuentes, la malinterpretación de los datos y la atribución incorrecta.
Mientras que en uno de cada cinco datos (20 %) presentó casos de alucinación e información imprecisa. Y para los adeptos a Gemini, la mala noticia es que ha sido a la que peor le fue, con problemas significativos en un 76 % de los casos, según el estudio en mención.
¿Y los usuarios? Es la otra parte muy preocupante del estudio que descubrió que en Reino Unidos, de donde es la BBC, hay alta confianza en lo que dice la IA casi en la mitad de los menores de 35 años, rango que encierra a millennials y centennials. Teniendo en cuenta el rezago digital de Latinoamérica, el estudio nos deja la duda de que por acá la situación de confianza no merecida a la IA vaya creciendo aceleradamente y llegue a ser superior de las cifras aquí planteadas.
Y aquella pregunta cinematográfica que muchos se hacen de si las máquinas pensantes superen al ser humano, la respuesta que deja este estudio es que lo que puede ocurrir, bajo cualquier uso, es que el cerebro de la inteligencia artificial sustituya al cerebro humano solo si nos convertimos en meros repetidores de lo que nos entrega un asistente conversacional, dejaremos en manos de las tecnológicas discernir qué es verdad y qué es mentira. Y ahí sí, que el último apague la luz. (O)










