En una muestra más de la influencia de las relaciones públicas en la revista Science, órgano de divulgación de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia (AAAS por sus siglas en inglés), la periodista Sofia Quaglia acaba de publicar un publirreportaje sobre las islas Galápagos que ignora por completo su importante realidad sociopolítica. Por esa misma razón, Quaglia resalta, con una equivocada admiración, la visión tecnocrática y reduccionista de lo que se está promocionando.
Según la periodista, se han destinado 15 millones de dólares a la restauración de la isla Floreana, pero no explica cómo se están gastando esos fondos. Para quienes no lo conocen, es común que una organización se lleve un porcentaje importante de gastos administrativos. En EE. UU., una institución puede asignar montos que llegan al 45 % e incluso más al famoso overhead. Conocer el monto invertido en gastos operativos nos permitiría comprender la verdadera magnitud del proyecto.
El trabajo en la isla Floreana es un “proyecto de restauración en esteroides”, ha dicho Rakan Zahawi, director ejecutivo de la Fundación Charles Darwin. Una imagen vívida, cautivante para los fanáticos de ‘The Rock’, pero terrorífica para quienes saben que los esteroides son fármacos sintéticos que se usan para resolver una crisis que exige una respuesta a corto plazo, no como solución permanente. A largo plazo tienen efectos secundarios negativos.
La realidad del hábitat híbrido de Galápagos, mitad especies naturales, mitad monstruo productivo-depredador, es que la eliminación de chivos, gatos, ratas y otras especies introducidas que amenazan a las nativas no es sostenible a mediano y largo plazo. La provincia se encuentra en una absoluta indefensión jurídica y presa de intereses económicos. El abogado Milton Castillo ha explicado en innumerables ocasiones todos los casos de corrupción y hasta delitos que quedan impunes y afectan directamente a la desaparición de especies endémicas.
La iniciativa de restauración es académicamente maravillosa y cumple con una responsabilidad moral de proteger un patrimonio natural de relevancia global. Pero el trabajo de unos científicos que operan sin tocar la estructura política que ha permitido que las islas Galápagos lleguen a un estado casi irreversible de destrucción resulta casi irrelevante. Celebrarán con merecido orgullo los pequeños hitos que cumplan su proyecto, acumularán publicaciones que les permitan subir en el escalafón salarial, pero no podrán revertir el curso de la historia como se lo proponen.
En Argentina, el científico Matías Mastrángelo demostró la necesidad de ir más allá de los esfuerzos de conservación al vincular, en un estudio, la pérdida de biodiversidad con las “trampas a la ley” de agentes de capital económico con fuertes vínculos con el poder político. El hecho de que en Galápagos operen ilegalmente en el turismo, la pesca y el comercio, a pequeña y gran escala, vuelve insuficientes los esfuerzos que puedan llevarse a cabo exclusivamente en la esfera biológica. Cuando se extinga el efecto de los esteroides, los resultados desaparecerán rápidamente. (O)