Desde 1951 Europa busca integrarse. Jean Monnet impulsó la Comunidad del Carbón y el Acero entre Francia, Alemania y los tres países Benelux. El peso de las dos potencias europeas unidas generó una fuerza centrípeta que terminó atrayendo a 27 naciones y a Ucrania y Turquía entre las aspirantes.
Europa se cohesionó como mercado común, se dotó de una capital burocrática, Bruselas, y una moneda común, el euro. Dos partidos políticos se turnan en el poder de los países centrales: uno de derecha, demócrata cristiano o liberal, y otro de izquierda, socialista o socialdemócrata. A los partidos a la izquierda o derecha de estos se los tilda de extremistas.
Pero este proceso de unión se agotó. Ahora prima la fuerza centrífuga. Brexit fue un primer paso. Los partidos contestatarios denominados ultraderechistas se acercan al poder. Giorgia Melloni marcó el paso en Italia. El AfD lidera las encuestas en Alemania, pero la concertación de los dos partidos centristas conservaría el poder en el futuro previsible. En España habrá elecciones: el centroderechista PP lidera las encuestas, pero podría tener que aliarse con el “ultraderechista” Vox para lograr mayoría parlamentaria.
En Francia se elige presidente a dos vueltas, la segunda en mayo. Marianne Le Pen es la favorita y es probable que el otro candidato en el balotaje sea de extrema izquierda populista, Mélenchon (frecuente huésped de Carondelet en el correato), frustrando una posible alianza centrista de segunda vuelta.
Hay cosas que separan a estos partidos llamados de ultraderecha, pero tienen puntos críticos en común. Están en contra del excesivo burocratismo. En 2022 Melloni reemplazó como primera ministra a Mario Dragui, el más celebrado tecnócrata europeo contemporáneo. Melloni ha desmantelado el mito de extrema derecha; es pragmática y no comulga con la ideología “woke” en boga. La alemana Weidel explica sensatamente sus posiciones.
Estos partidos buscan fortalecer sus pueblos y cultura históricos y rechazan la política de brazos abiertos a la inmigración masiva. Wiedel sostiene que depuesto el régimen sangriento de Bashar al Asaad, los 950.000 refugiados sirios que mantiene Berlín deben retornar a su país. A Le Pen se la considera extremista por proponer medidas de dudosa constitucionalidad para contener la presencia islámica, hoy el 10 % de la población francesa y en expansión.
Proponen fortalecer a la familia, y rechazan lo que consideran fomento del homosexualismo y transgénero por parte de Bruselas. Se tilda a Wiedel de homofóbica por declarar que la familia está compuesta por padre, madre e hijos. Ella contesta que su opción es homosexual, pero que no debe ser la norma.
Se oponen a la exagerada normativa ambientalista, que Le Pen considera ha echado al traste con la competitividad agrícola francesa, y Alice Weidel, que ha destruido la seguridad energética de Alemania, desmontando centrales nucleares y pretendiendo depender de energía eólica y solar. Melloni, que está causando una “desertificación industrial”.
La Unión Europea no está por deshacerse o el euro por desaparecer, sino que mutaría de unión a confederación.
El filósofo político neerlandés Luuk van Middelaar la caracteriza de “Europa a la carta”. (O)











