Cuando se va a tomar a un funcionario o empleado, se revisa su hoja de vida. Se piden referencias. Se ve cuál ha sido su comportamiento en situaciones del pasado. En cualquier situación en la vida, el track record es decir, el historial de la persona o de las instituciones, o partidos, o entidades, es invalorable para hacer un análisis de qué puede pasar hacia el futuro.
Los EE. UU. lamentablemente han tenido un track record deplorable. Abortaron en Bahía de Cochinos un proyecto de salvar a la isla del comunismo; se metieron en Vietnam, lo cual fue un fracaso rotundo. Combatieron en Afganistán, para evitar que los talibanes, grupo extremista, fundamentalista y fanático, gobierne ese país. Pues hoy ellos lo gobiernan.
Participaron en el tema de Kosovo. El resultado final fue que un territorio que era claramente cristiano en Europa, se convirtió en un país musulmán. Bombardearon Libia, y hoy hay una guerra civil, hay dos gobiernos en lucha y prácticamente en guerra civil. El uno el de la Unidad Nacional y el otro el Gobierno del este. El bombardeo y la intervención en ese país resultó en un caos finalmente para todos sus ciudadanos.
En Irak apoyaron inicialmente a Sadam Hussein contra Irán. Luego lo atacaron para sacarlo del poder. Era un sunita, que había logrado controlar un país de mayoría chiita. Lo acusaron de tener armas de destrucción masiva: nunca las encontraron. Cayó el tirano, así descrito en occidente, y los cristianos a quienes él sí protegía terminaron siendo martirizados y perseguidos. Hoy gobiernan chiitas igual que en Irán.
Por todo este track record es difícil pensar que tengan un buen plan para Irán o para Venezuela. En este último país, quien era acusada penalmente por los EE. UU. y tenía una recompensa por su captura, hoy es la presidenta apoyada por EE. UU., y ya se habla de que buscará legitimarse con elecciones. Salió Maduro, pero el régimen sigue intacto.
La ONU tiene muchísimos defectos y debilidades. Han empujado una agenda ridícula en muchos aspectos, pero luego de siglos de la ley de la selva y la ley del más fuerte, el mundo entendió que no queda otra solución que buscar acuerdos con la diplomacia y el derecho internacional.
En el caso de Irán no ha habido tal cosa, pero por encima de la no existencia de apego alguno al derecho internacional, está el problema del track record. ¿Cuál es el plan? ¿El mismo de Afganistán, el mismo de Libia, de Kosovo, de Irak, de Vietnam?
Cuando fui electo vicepresidente del Ecuador, mi imborrable amigo Carlos Pérez Perasso, director de este Diario en ese momento, me dijo: “Te voy a dar un consejo, ahora que te tocará un trabajo muy importante: ‘Duda siempre de tu primer impulso’”. Fue uno de los más sabios consejos que recibí en la vida. Quienes han embarcado al mundo en este conflicto, se han asegurado de seguir su primer impulso, no el ejercicio de razonamientos profundos sobre qué camino tomar y qué plan seguir.
Un orden internacional que debía ser mejorado, sin lugar a dudas, pero que ponía el derecho y la razón por encima de la pasión y la fuerza, ha sido destruido. Ojalá haya capacidad para recomponerlo. (O)