¡No puedes ser tan irresponsable de irte!, casi le grité. Pero me voy, respondió impasible, como quien tiene la conciencia tranquila porque sabe que hizo y hace lo correcto.
Yo, desbordada y roja de las iras, guardando los insultos en el bolsillo de atrás del jean y respirando harto, le dije: ¿Qué te pasa? ¿Te crees un gran cacao? Con la misma parsimonia, pero conteniendo la risa, dijo: No, un gran guaytambo.
Simón Pachano, el ambateño, gran guaytambo de esta página editorial, nos ha abandonado a nuestra suerte a todos los neófitos que cada lunes lo leíamos con la esperanza vana de entender, a veces, este país; a veces, el mundo. De entender los raros vericuetos de la política, las oscuras o claras intenciones de gobernantes y gobernados. Desgraciadamente no hay vuelta atrás. Simón no escribirá más para EL UNIVERSO y no nos queda más que respetar su decisión y agradecerle por sus añísimos de opiniones inteligentes, por sus palabras claras y frontales con las que nos fue salpicando de sus conocimientos políticos.
Pero lo que más me hace decir #QuirasQuéMeDa es lo que más extrañaré: la incorrección de Pachano. Esa incorrección de gran guaytambo que siempre le mantuvo al margen de lo políticamente correcto. Porque nunca, nunca, nunca cayó en los “sentipensares”, en las “cosmovisiones telúricas del universo”, en las “otredades”, en los “elles”, “todxs” y “todes” con los que los académicos disfrazan quién sabe qué mediocre angustia intelectual. Nada que ver; clarito escribía cada lunes Simón Pachano, clarito cantaba las verdades a quienes siempre nos mienten, clarito nos daba pequeñas cátedras de política a los dummies, o a los shunshos o mushpas, como se dice en mi tierra.
A mí me cae mal este Pachano, como en su momento me cayó mal el doctor Rodrigo Borja (QEPD), quien también nos abandonó y nos dejó huérfanos de sus conocimientos y de su quehacer político, el único sin escandalosos chanchullos que yo recuerde. ¿Será que los hombres y mujeres inteligentes ya ven que de este cáncer corrupto y maloliente no se vuelve? ¿Será que perdieron ya todas las esperanzas?
Apenas nos enteramos de la venta de EL UNIVERSO, Nelsa Curbelo (la gran Nelsa) y yo charlamos y decidimos seguir escribiendo. Creemos que es nuestra obligación llegar cada tanto a esta página con palabras que no queremos que se olviden.
Tal vez sin la erudición de Pachano, pero aquí seguiré intentando que no nos gane la indolencia; que ustedes, queridos lectores, aunque suene a imposible, sigan recordando palabras lindas como solidaridad, libertad, abrazo, honestidad, cultura, olvido, risa, nostalgia, justicia, libro, hermandad, paz… Ojalá nuestra voz pueda alzarse como hasta ahora. Ojalá podamos seguir diciendo lo que pensamos, lo que sentimos y lo que queremos, aunque a veces pinche, a veces duela o a veces sacuda. Ojalá.
Yo tengo la casi certeza de que así será, de que mientras nuestros lectores nos abracen con sus comentarios aquí seguiremos, le dije a Nelsa el día que hablamos. Y así lo repito hoy aquí mientras escribo, en este primer lunes sin Pachano y extrañándolo como al gran guaytambo de Ambato que es. (O)