En Ecuador celebramos el Día Nacional del Patrimonio el pasado 18 de abril, un día para recordar que nuestra nación es múltiple y diversa en sus manifestaciones culturales.
A mis 93 años, camino a los 94, continúo reflexionando sobre la importancia de recuperar y poner en valor el legado de conocimientos y saberes que nos dejaron las culturas prehispánicas. Este año, gracias al apoyo de los fondos concursables del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, he vuelto a dirigir excavaciones en el sitio Real Alto. Estuvo ocupado por la sociedad Vegas primero, dejándonos los inicios de la agricultura de maíz y zapallos, sus entierros con ofrendas de color rojo, y sus herramientas de piedra. Luego Valdivia desarrollaría una de las cerámicas más tempranas del continente, y construiría sus sistemas de albarradas o jagüeyes.
Llevamos investigando este sitio un poco más de 50 años desde que iniciamos excavaciones allá por 1974 bajo la dirección del Dr. Donald Lathrap con la universidad de Illinois Urbana Champaing. Éramos un grupo importante de jóvenes estudiantes y colaboradores de las comunas de la zona de Chanduy.
Continuamos enseñando Arqueología a los estudiantes de la carrera y de la maestría de la Espol. A lo largo de estos años vinieron numerosas misiones e investigadores de universidades como Calgary, Autónoma de Barcelona, Vladivostok, Milán y UNAM de México. Se realizaron muchos descubrimientos en este yacimiento arqueológico que lo han hecho acreedor a figurar en la Enciclopedia mundial de arqueología de la Universidad de Oxford. Ahora conocemos más sobre la gente que vivió 4.000 años en este lugar, su relación con plantas y animales, sus viajes de intercambio con la Sierra, sus rituales, sus sentimientos, sus tejidos de algodón, entierros y sacrificios, y el diseño de las numerosas figurinas femeninas vistiendo tocados de chamán o pinturas corporales.
Tenemos la descripción más completa de cómo vivía la gente valdivia en este lugar a lo largo de miles de años. Sin embargo, todavía continuamos haciéndonos preguntas y buscando respuestas.
Ahora investigamos la posible presencia de adobes, especie de ladrillos de tierra secados al sol, y asociados a las primeras estructuras domésticas. Su existencia nos indicaría que planificaron desde muy temprano la construcción de plataformas para sus viviendas y templos. Ordenaron el espacio con plazas, montículos rituales con escalinatas y rampas. Investigamos no para coleccionar bellos artefactos o restos del pasado, sino para entender cómo esas sociedades crearon el modo de vida que los distingue.
La arqueología como ciencia social investiga temas vinculados a resolver los problemas y preguntas de la sociedad contemporánea, tratando de responder a las inquietudes de las comunidades donde se localizan los yacimientos arqueológicos. Creemos que la mejor forma de preservar, representar el pasado y valorar nuestro patrimonio arqueológico es investigándolo, cuidándolo y formando nuevas generaciones que continúen haciendo preguntas que contribuyan al mejor desarrollo de nuestra realidad. (O)