El Gobierno hizo una emisión de bonos: se endeudó en $ 4.000 millones, con plazos de 8 años (hasta 2034) y 13 años (2039) y un interés promedio de 8,95 %. Estos recursos sirven: a) para recomprar $ 3.000 millones de deudas anteriores (la deuda disminuye en esa magnitud) que tenían interés del 7 % (sobre todo bonos que vencían en 2030, y algo en 2035); b) los restantes $ 1.000 millones para financiar gastos del Presupuesto 2026 quizás pueden ser usados en otros pagos de deuda, y en ese caso la deuda subiría en $ 4.000 millones y bajaría igual.
¿Operación necesaria? Sí. Sin duda genera un mejor clima de confianza y mantener el riesgo bajo es sano para toda la economía (intereses, inversión, ojalá empleo). Pero el Índice de Incertidumbre de la Escuela de Economía de la USFQ nos dice que nuestra percepción interna de riesgo sigue muy elevada (todos lo sentimos). ¿Útil? Sí, porque los pagos de deuda los próximos años eran fuertes y solo había dos caminos: a) alguien nos prestaba para cancelarlos (difícil encontrar ese “alguien”, adicional al apoyo ya otorgado por organismos como el FMI); b) entrábamos en default (no pago parcial o total), que es muy peligroso, ejemplo lo hecho en 2008, cuando salimos del mercado internacional por varios años y caímos con un solo acreedor, abusivo, China. ¿Qué sucedió ahora? Nuestros propios acreedores nos han prestado voluntariamente con plazos más largos, para pagar las deudas que vencían en plazos cercanos. ¿Suena feo pagar deuda con deuda? Bueno, eso hacemos las personas o empresas, refinanciamos lo que debemos para mejorar los plazos y no tener urgencia de pagos cercanos, pero ojo, es esencial no aumentar la deuda. ¿Esto ha tenido un costo? Sí, hemos ganado en plazos y liquidez, pero los intereses han subido 2 % porque cuando en 2020 se emitieron los anteriores bonos, los intereses mundiales estaban mucho más bajos, ejemplo los Bonos del Tesoro americano a 10 años hacia el 0,5 %, ahora en 4,2 %. Ciertamente, el margen (riesgo-país) que pagamos ahora frente a esos bonos americanos es menor al que se pagó en esa época.
¿Entonces por qué no me emociono? Uno. Esto solo arregla los pagos de deuda de los próximos años, pero no resuelve los temas esenciales de las finanzas públicas. Seguimos con dificultades para pagar la deuda, hemos empujado el problema hacia adelante y en 6 años estaremos en la misma encrucijada. Con un gran déficit fiscal que nos lleva a más deuda. Con un Estado enorme y altamente improductivo que es un lastre para el desarrollo. Eso debemos enfrentar, pero no succionando más recursos a los ciudadanos, sino reduciendo drásticamente gastos inútiles (son muchísimos). Dos. ¿Lo sucedido incentiva a hacer esa reforma de fondo o más bien puede llevar a un mayor despilfarro y decisiones político/populistas? Me temo que lo segundo. Tres. ¿No son “históricas” las condiciones obtenidas? El riesgo país en esta operación es algo superior a 400 puntos (4 %) cuando el año pasado llegamos hasta 2.000, pero Bolivia también ha caído de 2.000 a 600 puntos y varios países africanos igualmente, porque en el mundo hay “apetito por riesgo”, no es solo para nosotros. ¿Qué hacer? Enfrentar los problemas de fondo, no solo diferir los pagos de deuda. Discúlpenme, solo diga: “Bien, no más”. (O)