Estados Unidos de América ha dividido América en dos partes: una, la de los 12 países que, atendiendo a su invitación, concurrieron a una especie de cumbre en Miami el pasado sábado, 7 de marzo; y otra, la de los que no estuvieron presentes y significaron con su ausencia que no había unanimidad en la adhesión a los motivos de la invitación.

Contrasta esto con la invitación que hiciera Estados Unidos a todos los países de América a reunirse en Río de Janeiro el 29 de enero de 1942, al inicio de la Segunda Guerra Mundial, y solicitó la solidaridad de todos ellos, la que le fue otorgada unánimemente.

Hoy, la ausencia de Brasil, México y Colombia es muy significativa, pues ellos representan el 60 % de la economía latinoamericana y son los de mayor población. Tienen posiciones políticas de centroizquierda, muy alejadas de la derecha del presidente estadounidense Donald Trump y de los integrantes del grupo de los 12, con lo que nace en una posición débil.

En Colombia, en la renovación de la totalidad del Congreso, el partido del presidente Gustavo Petro ha triunfado y parece que el candidato de su partido ganará con amplitud en la cercana elección presidencial. La izquierda se consolidó con Petro, el primer presidente de esa tendencia.

Los fines y límites de la reunión de los doce deben ser fijados con mucha precisión para evitar los desacuerdos, las fricciones, como las que hoy tienen lugar en Europa, porque los Estados Unidos reclaman cooperación en su guerra no provocada contra Irán y que la sostiene, nuevamente, junto con Israel. El señor Trump está furioso porque le han negado el uso de bases aéreas para lanzar desde ellas sus ataques contra Irán. Está amenazando con retaliaciones políticas y económicas. Cualquier alianza con Estados Unidos debe ser solamente de orden defensivo y contar, por supuesto, con las autorizaciones requeridas por la Constitución del Ecuador. Por lo general, en la alianza del débil con el fuerte, el primero queda sometido al segundo. ¡Que la creación de este grupo de los doce no signifique una autorización para que Estados Unidos intervenga en los asuntos internos de los países, por su sola decisión, unilateralmente!

De lo que se conoce, esta reunión tiene dos propósitos: la lucha contra las drogas y contra la emigración ilegal.

En esta segunda parte, podría interpretarse que los doce están dando una autorización tácita para la persecución a nuestros emigrantes.

El grupo de los 12 o 13, si se cuenta al anfitrión, no ha incorporado en su declaración ninguna referencia al desarrollo económico, social, que serviría tanto para contrarrestar el auge del comercio ilegal de drogas cuanto para desalentar la emigración de las poblaciones empobrecidas carentes de trabajo y que hoy son perseguidas despiadadamente y brutalmente deportadas. Cuando en tiempo de John F. Kennedy se quiso contrarrestar la expansión de la revolución cubana a otros países de América Latina, se creó la Alianza para el Progreso para fomentar el desarrollo. Hoy, no hay nada de eso; por el contrario, se eliminó el llamado Punto IV, que apoyaba programas de desarrollo. (O)