‘No resuelven problemas’, puede ser la frase que resume lo acontecido en el país: por un lado, otra sangrienta masacre en la cárcel de Turi, en Cuenca; y por otro, las perseverantes desavenencias en la Asamblea Nacional.

Nos cuesta tomar decisiones perentorias, terminantes, concluyentes y en consecuencia los problemas se agudizan y se tornan irresolutos. Hace falta mano dura, determinación, liderazgo, personalidad, para enfrentar conflictos y extirparlos sin miedo. Las recidivas o los efectos rebrotes son complejos, pues se vuelven endémicos y resistentes. Muchos asesinados (degollados) en las celdas carcelarias, es una cruenta consecuencia de un mal que clama atención. Es un problema del Estado que se desentiende de estos focos de descomposición social... El control de la disciplina y del orden en el interior de los centros carcelarios donde se vive la irracionalidad y el radicalismo, están en otras manos, menos en las de quienes tienen directa responsabilidad.

Paralelamente, en un solo día en una sola ciudad, por ejemplo en Guayaquil, se reportan ocho asesinatos por sicariato. ¡Algo pasa en Ecuador y algo habrá que hacer! La presencia de la Policía y del Ejército y los sobrevuelos en helicópteros, luego de las masacres, intentan fútilmente hacer notar que “algo se está haciendo”. ¡Pamplinas!

Y lo que pasa en la Asamblea Nacional, es también preocupante. No cumplen su función de legislar y fiscalizar, sus miembros se enredan en triquiñuelas y nonadas, primando intereses grupales y babeantes... ¡Y siempre ha sido así!, se arman escándalos por falta de orientación, autoridad. Ahí, donde la democracia debe ser honrada y la Constitución ser su máxima expresión, se viola la ley, se inculpan entre ellos y se hace tabula rasa de procedimientos. Igualito al cuento del gallo pelón. ¡Pura burla! (O)

Manuel Eugenio Morocho Quinteros, arquitecto, Azogues, Cañar