Décadas de desidia gubernamental han permitido que los sedimentos del río Guayas alcancen los niveles catastróficos que registramos actualmente. El anuncio del esperado dragado representó un alivio para los guayaquileños, pues prometía mitigar las inundaciones que la ciudad padece cada invierno.
Lamentablemente, esa expectativa se ha convertido en frustración e indignación. A pesar de la inversión de millones de dólares, el trabajo realizado por la barcaza cerca del islote frente al puente de la Unidad Nacional resultó insuficiente y carente de resultados claros. Tras constantes fallos técnicos, la maquinaria desapareció.
Sin un dragado adecuado, el agua de lluvia no puede desfogar correctamente durante las mareas altas, lo que condena a Guayaquil a inundaciones cada vez más severas y a constantes pérdidas materiales. A esto se le suma la irresponsabilidad de ciudadanos que no toman conciencia al tirar basura a la calle. (O)
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Nelly Lozada, Guayaquil


















