Presentamos la anatomía de ladrón: su cuerpo funciona a la perfección antes de cometer el delito, crimen, robo, sobreprecio, soborno, desfalco, asalto, violación, secuestro, etc. Su mente ya le preparó el camino torcido por el que ha de seguir.

Nace así el hurto perfecto, oculto a los ojos de los honrados. “Soy el más hábil y el más inteligente de los ladrones”, le hace creer su mente perversa al que de lo ajeno se apropia. Mientras comete el delito nada le duele, le preocupa, todo su cuerpo funciona a las mil maravillas.

En la cárcel, las cosas cambian, empiezan los dolores, la náusea, la gastritis, la hipertensión arterial, el dolor de espalda, la calvicie, la artritis en las manos, el deseo de quitarse la vida y una docena de enfermedades crónicas e incurables, nunca antes diagnosticadas. A gritos exigen salir de la cárcel porque le ‘aquejan’ todos los males del mundo.

Apenas salen de la prisión, por ‘buen comportamiento’, habeas corpus o por amistades en la Península, sus corazones vuelven a ser de piedra, no muestran ningún átomo de arrepentimiento, su piel se endurece para que resbale cualquier molécula de remordimiento, por el mal que han cometido. Los dolores se esfuman como por arte de magia... Sus cuerpos retoman el mal camino y sus mentes perversas empiezan a maquinar una nueva mentira y el próximo delito. (O)

Gustavo Antonio Vela Ycaza, doctor en Medicina, Quito