Empecé a votar por el 78 con el reinicio de la democracia y, con pocas excepciones, he contemplado la mezquindad y mediocridad de nuestra clase política. Cada quien se cree el ‘enviado’ y trata de empezar nuevamente como si lo anterior no valiese nada, como si los otros no mereciesen dirigir al país que ellos siempre condenan por sus bastardos intereses.
Hasta cuándo la gente de bien seguiremos permitiendo las clásicas componendas, la gente improvisada y audaz que se encarama en los principales puestos, la inacción culposa de todos nuestros sistemas de control (contraloría, congreso, justicia, analistas). Todas las listas de candidatos están llenas de cierta gente sin la calificación adecuada, por el simple hecho de ser puestas por caciques de partidos que les exigen sumisión absoluta (basta contemplar la composición de los congresos de los últimos 40 años). Después, ¿la culpa es del pueblo que no sabe elegir?, más bien de los dueños de los partidos, diría yo... Me niego a pensar que no tenemos gente valiosa (sí la hay), preparada sin odios y sobre todo patriota... (O)
Miguel Ángel Chávez Mendoza, máster en economía, Guayaquil