26. El 8 de abril de 2020 se levantó en Wuhan, escalonadamente, la cuarentena por la pandemia del COVID-19. Luces de colores y videos descomunales proyectados de noche sobre los edificios junto al río Yangtsé celebraron una especie de liberación. Casi cuatro meses de encierro. Pero hay incertidumbre de un rebrote.

27. De marzo a julio, casi cinco meses, es lo que registra el estremecedor prólogo de Boccaccio en el Decamerón sobre la peste que arrasó Florencia en 1348. En su ficción se retiran diez hombres y mujeres jóvenes a contarse historias de amor en un lugar seguro.

28. Wuhan tuvo más de 2500 víctimas mortales. Sin embargo, las cifras no resultaron veraces, luego de que el Gobierno chino aceptara que hubo más muertos de los contabilizados. Habrá mucha posverdad.

29. Tanto hemos consumido películas distópicas y apocalípticas, y solo tendremos posverdad.

30. De esta pandemia no sabemos nada con certeza, salvo sus comienzos. El resto será una despedida gradual, sin frontera precisa. Parecerá imposible que se hubiera dado, que haya ocurrido lo que ahora ocurre.

31. Los virus, como el amor, buscan propagarse. Uno de ellos da la vida; el otro, la muerte. Elijan cuál.

32. El Amor y la Muerte –dice el verso de Leopardi– a un tiempo hermanos engendró la suerte.

33. Luego de un comentario mío sobre el Decamerón apenas iniciada la cuarentena, el poeta y ensayista César Eduardo Carrión se preguntaba: “¿Quiénes serán esta vez esos diez prófugos de la peste? ¿Quién contará el primer cuento? ¿Quién cantará?”.

34. Quisiera responderte, César Eduardo, pero nadie lo sabe, quizá nuestras hijas, aunque todo esto les sabrá a bruma. Los novelistas y poetas siempre llegan tarde. El autor de Diario del año de la peste, Daniel Defoe, tenía entre cuatro y seis años cuando Londres fue desolado en 1665 por la peste bubónica. Su novela la publicó cincuenta y siete años después, cuando el olvido campeaba.

35. “Si pudiésemos comprender y amar la infinidad de agonías que se arrastran en torno a nosotros, todas las vidas que son muertes ocultas, necesitaríamos tantos corazones como seres hay que sufren”. Fragmento de Cioran en su Breviario de podredumbre de 1949.

36. Worldometer registra unas 161 191 muertes por COVID-19 en este momento que escribo. También registra que durante estos cuatro meses iniciales de 2020 han nacido 41 millones de seres humanos y muerto 17 millones.

37. Cioran remarca: “La vida solo es posible por las deficiencias de nuestra imaginación y de nuestra memoria”.

38. Abandono una tras otra la lectura de novelas largas y ensayos sostenidos. Solo puedo pasear por libros fragmentarios de autores nada edificantes, o los antiguos de siempre, o aquellos que ya vienen astillados y dispersos. Me basta leer unas líneas, una página. Son bibliotecas infernales. Es tanta su oscuridad que realzan los destellos de luz que nos rodean.

39. Para qué dar títulos de libros o nombres de autores. Estamos saturados de ofertas y textos liberados. ¿Los olvidaremos?

40. Luc Montagnier, premio Nobel francés de medicina, afirma que el COVID-19 es un resultado de laboratorio. El periodista Joshua Philipp sustenta lo mismo en un reportaje que rastrea las investigaciones de la científica Shi Zhengli en el mismo Wuhan. Apuntado para corroborar después. Se buscan culpables como quien quiere escuchar la sentencia de Dios.

41. Para evitar los contagios se recomendó primero un metro de distancia. Luego fueron dos metros. Ahora dicen cuatro, incluso diez. Bailar tango será una herejía apasionada.

42. Las bibliotecas infernales son breves, portátiles y abrigan frente al frío indiferente del mundo.

43. Dijeron que no eran necesarias las mascarillas, luego que ayudaban algo. Ahora son obligatorias. Hasta las están diseñando con motivos de fantasía. No hay nada como la prohibición para exacerbar el erotismo, incluso de un púdico beso.

44. Soy un animal de libros, de papel y escritura, pero necesito de la calle y de la gente para disfrutar mis encierros, y luego volver a la vida con más fuerza. Si algún momento les sirve, les comparto la catártica oscuridad de mi pequeña biblioteca fragmentaria: Nietzsche, Des Forêts, Pizarnik, Richard Millet, Jabès. Los antiguos de siempre: Epicteto, los presocráticos, Marco Aurelio, San Juan de la Cruz, Gracián. Los astillados y dispersos: Clarice Lispector, Merini, Porchia, Duras, Celine, Ribeyro, Quignard.

45. Citar es un homenaje, reconocer que otro, y no tú, acertó con una frase precisa. Es admirar, compartir. No hay contagio más sano y productivo que una cita. Si pudiera les recitaría versos a viva voz, pero aquí estamos en prosa. Además, ya les cité el verso de Leopardi.

46. En el fondo quisiera huir, no tener que escribir estos fragmentos del gran encierro, pero hay que seguir, dar fe, luchar desde cada trinchera contra el olvido. ¿Qué nos dijeron la Peste Antonina, la Peste Cipriana, la de Florencia, la de Londres, la mal llamada Gripe Española? Nos dicen: han olvidado.

47. Cada quien sigue acomodando los hechos o sus interpretaciones para su trinchera ideológica. Provecho. Sacarán votos. Y un pase al infierno.

48. Deberíamos quejarnos menos: no sabemos lo que es el hambre en la guerra, no sabemos cómo ruge un bombardeo, no sabemos lo que es el odio de un desconocido hacia otro.

49. Lo que no podemos es olvidar a los muertos, a los abandonados, a los que fueron inoperantes en su función y su cargo. No podemos olvidar a los oportunistas políticos. Y no podemos olvidar a quienes están dando cada día apoyo y ayuda y aliento en un lugar donde no llegan las palabras.

50. Estas palabras mías, pobres y fragmentadas, solo sirven para que la imaginación no duerma en el mundo detenido. (O)