Después de catorce meses tendremos nuevo gobierno y el presidente Moreno entregará un país quebrado. Con razón, el nuevo presidente podría repetir la afirmación de Camilo Ponce en la noche de su posesión en 1956: “No me han elegido síndico de la quiebra de un país”. Los expertos dicen que la deuda es impagable: supera los 67 000 millones y faltan por contabilizar acreencias de proveedores que sumarían varios centenares de millones más. Tal vez la crisis actual de los precios del petróleo se haya subsanado porque la ciencia resolverá el problema del coronavirus, pero si el gobierno actual no deja la casa en relativo orden, al próximo gobierno le espera una situación nada envidiable.

Por lo cual es imprescindible que la Asamblea Nacional ayude a resolver los problemas superando patrióticamente sus diferencias para aprobar leyes que permitan las soluciones que proponga el Ejecutivo. Es casi simple el enunciado: hacer lo de un buen padre de familia: en caso de dificultades, trabaja más, aumenta los ingresos y disminuye los gastos. Los expertos sugieren todos los días las soluciones: se ha propuesto que el presidente de la República organice un “brain trust” de personalidades que saben y pueden aconsejar honestamente y con patriotismo. Están las rutas trazadas. Los principales aspirantes al solio presidencial deben concordar en el apoyo de sus partidarios, porque en el fondo estarán trabajando para ellos mismos, para que encuentren, no la mesa servida, porque es vergonzoso una mesa con solo huesos y carroña como dejaron al país los mentirosos de la década pervertida, pero sí una mesa con esperanza, con instrumentos legales y técnicos que permitan, después de algunos años, servir algo decente.

No faltará razón a quien diga que este columnista en un iluso, pero apelo nada más que a la racionalidad de la situación. Lo que siembren ahora lo cosecharán después.

El Gobierno debe tomar decisiones impopulares como la focalización de los subsidios. Necesita concitar apoyos y evitar incomprensiones con una buena comunicación. Los Alvarado hicieron un excelente trabajo, como brujos: nos vendieron la idea de un buen gobierno y muchos les creyeron… y les creen todavía. Pero el pueblo, especialmente los más jóvenes, debe entender que los sacrificios son necesarios para mejorar la situación de todos, especialmente de los pobres, que sufren más los errores de los gobernantes. La gente debe saber que el esquema de crecer con deuda es un fuego fatuo, que las deudas hay que pagarlas, que el empleo no se inventa con discursos sino con inversiones en negocios, que el país no tiene más alternativas que pagar lo que debe para poder prestar otra vez. Y que todos estos sacrificios se los debemos a la mosca belga.

En esto tiene mucho que ver la justicia. Los fiscales y jueces deben actuar con honradez y celeridad para que los ladrones no queden impunes, no cometer errores que los abogados exploten para retardar los procesos y salvar a los ladrones. Es un trabajo de muchos y de cada cual desde su puesto: mujeres y hombres, por la justicia y la paz. (O)