Hay fenómenos frente a los cuales el ser humano es totalmente impotente, y esos son los fenómenos de la naturaleza. Muchas veces imprevistos, y, en otras, previstos, pero sin poder calcular cuál será su real magnitud. Frente a los fenómenos naturales, nuestra vulnerabilidad yace desnuda. El desolador panorama que muestran las islas Ábaco y Gran Bahama luego del paso de Dorian obliga a reflexionar sobre cuán frágiles somos los seres humanos, sobre todo ante situaciones que escapan de nuestro control.

Conmueve y conmociona ver tanta gente que perdió todo en cuestión de horas. Según una científica meteorológica de la ciudad de Buenos Aires, el comportamiento de Dorian ha sido inédito. Es la primera vez que un huracán categoría 5 se detiene, como Dorian, que se detuvo en Bahamas. Dorian se ensañó con Ábaco un día entero y destruyó todo. Se sabía que el huracán llegaría, pero nadie sospechó siquiera que se iba a quedar tantas horas devastando la isla. Puedo imaginar el miedo de sus habitantes mientras permanecían refugiados dentro de sus casas esperando que todo pase rápido. Esas horas debieron ser eternas. Qué tristeza y desaliento encontrarse luego con la nada. Una soledad absoluta. Tan trágico todo y, para colmo, en la población más pobre.

De acuerdo con los expertos, el inédito comportamiento de Dorian podría atribuirse al cambio climático. El calentamiento global puede provocar que los huracanes alteren su actividad, porque la superficie del mar está más caliente, hay más evaporación y, por lo tanto, más intensidad de las lluvias. Los huracanes podrían moverse más lentamente e incluso detenerse, tal como ocurrió con el paso de Dorian.

La OMS ha estimado que las consecuencias del cambio climático sobre la salud humana podrían llegar a acarrear 250.000 muertes anuales entre 2030 y 2050. Entre ellas: el incremento de la exposición de los adultos mayores al calor, el aumento de enfermedades diarreicas, la malaria, el dengue, las inundaciones y el retraso en el crecimiento infantil. Según afirma un editorial de la revista The New England Journal of Medicine, esta estimación es conservadora, pues no se ha contado con las muertes provocadas por otras condiciones de salud relacionadas con el calor, ni la morbilidad o los efectos relacionados con la disrupción de los sistemas de salud por los cambios extremos del clima. Un estudio estadístico proyectó para el 2050 un incremento neto de mortalidad mundial en 529.000 adultos como resultado de las reducciones en la disponibilidad de alimentos, particularmente frutas y vegetales, comparando dicho escenario con uno sin cambio climático. Asimismo, el Banco Mundial estima que, sin medidas estratégicas de prevención y mitigación, más de 100 millones de personas entrarán en pobreza extrema para el 2030.

Por cualquier lado que se analice, el problema es extremadamente serio y preocupante. No obstante, hay quienes no creen o ven muy distante que el cambio climático y el calentamiento global son reales y que sus consecuencias han comenzado ya a sentirse. Aún no sabemos el impacto que tendrán los incendios en la Amazonía, una tragedia reciente. Necesitamos hacer conciencia en preservar nuestros recursos naturales, evitar el desperdicio de agua y comida, cuidar la vegetación y luchar férreamente contra la contaminación ambiental. De nuestros gobernantes requerimos políticas claras de acción y protección. Nuestro planeta nos necesita. (O)