Resulta alentador apreciar el notable esfuerzo que realizan instituciones y promotores de actos culturales con exposiciones de pintura, recitales de canto y poesía, conciertos de música clásica, obras teatrales, presentaciones de libros y otras publicaciones.

Es palpable el dinámico movimiento de las bellas artes en nuestra hermosa Guayaquil, convertida en importante referente artístico y turístico a nivel nacional e internacional.

No obstante lo dicho, es menester comentar ciertos detalles, con la mejor intención, para contribuir a la eduación de todos. Se trata del comportamiento de algunos de los concurrentes, quienes dan la impresión de no observar los elementales principios de la cortesía y los buenos modales en aras de la armoniosa convivencia en estas reuniones. Primero, el muy comentado uso indiscriminado de los teléfonos celulares; de la manera más imprudente, suenan, y hablan en plena conferencia, durante la actuación de un violinista, poeta, un cantante, una orquesta. Además del indiscreto murmullo que constituye ruidosa y grosera interferencia. Esto hace que se pierda el nivel de concentración de quien interviene y del público interesado en apreciar el programa.

Llama la atención ver a quienes son invitados para que den “realce con su presencia”, en realidad ni dan realce y están como ausentes. Esto es muy notorio en ciertas mesas directivas, a la vista de todos, se advierte el típico cuchicheo y las risitas que desentonan con la solemnidad del evento. No atienden ni entienden lo que se está exponiendo y luego con sonoros aplausos justifican su “excelsa” presencia en la mesa de honor y están listos para la foto con su mejor perfil para destacar en la reseña social.

Ni qué decir de algunos que son asiduos de los actos culturales, acuden especialmente motivados por el clásico coctel y los bocaditos.

El mejor agradecimiento ante una cordial invitación, debería ser con la atenta observancia de los buenos modales y la cultura.(O)

Fernando Naranjo-Villacís,

periodista, Guayaquil